¿Por qué lo llaman mentor cuando quieren decir consejero?

Recupero hoy para este blog un artículo que escribí hace un año para el blog de madri+d en calidad de miembro de la Red de Mentores de Madrid. Otra vez no voy a cambiar nada ya que sigo opinando tal cual, y creo que los emprendedores en búsqueda de ayuda externa deberían tener muy claro que papel van a jugar sus mentores, frente al papel que puedan jugar sus asesores o consejeros. Como en cualquier otro caso de stakeholders, hay que tener muy claro los intereses de cada uno para poder entender mejor lo que nos pueden aportar. Sin duda, ambas figuras tienen muchísimo que aportar a un emprendedor, y ambas, deberían estar presentes en ese equipo de apoyo del que cualquier emprendedor debe rodearse.

Así es como se publicó originalmente el artículo:

 

Algunos pueden pensar que lo que voy a hacer en este artículo es una discusión de galgos o podencos, o peor, un brindis al sol. Sin embargo, creo que es un debate interesante que ocurre pocas veces, unas por falta de interés, y otras por presencia precisamente de intereses.

El mundo emprendedor es muy dado -de forma poco sorprendente- a los anglicismos y, a lo que utilizando uno, llamaríamos buzzwords o palabras de moda. Una de esas palabras francas, y a la vez de las más cargadas, es sin duda mentor. Curiosamente, una palabra muy castellana y latina pero que sería una más que habría pasado al sueño de las palabras justas si no la hubieran empezado a utilizar los anglosajones. Vean si no lo que nos ha pasado con la palabra coach o con una de mis favoritas, curator, y sus equivalentes en castellano.

En todo caso, no estamos aquí para hablar de anglicismos, sino para hablar de mentores. Tengo la suerte de haber pertenecido a la Red de Mentores de Madrid desde el principio, y de haber colaborado con diferentes programas de emprendimiento desde hace aún más tiempo.

Los motivos que me llevaron a hacerlo son principalmente dos. El primero, aunque sea una frase hecha, es dar algo de vuelta a la sociedad. He tenido la suerte de haber desarrollado una experiencia profesional enriquecedora en una industria que me apasiona, y para mí es casi una obligación intentar ayudar a los que lo están intentando, más con la que está cayendo. No me creo más listo que nadie, pero sí que puedo tener experiencias y conocimientos que pueden ser útiles a otros.

El segundo motivo es puramente egoísta, aprender. A pesar de que paso el día a día engullido en la vorágine del sector de las tecnologías, y precisamente quizá por eso, cada vez es más difícil estar al tanto de lo último y, sobre todo, de lo que está pasando donde se inician las revoluciones, que no es en los laboratorios de I+D de las grandes empresas, sino en los garajes o, seguramente ahora, en los espacios de trabajo compartido (para los anglófilos impenitentes, espacios de coworking).

Durante el tiempo que llevo colaborando con la Red, no puedo decir más que mis expectativas se han cubierto con creces. He entrado en varias relaciones de mentorización con varios emprendedores espectaculares y, aunque el éxito siempre es imposible, creo haber ayudado a algunos de ellos, y desde luego, yo he aprendido un montón.

Fíjense que ninguno de mis intereses, y desde luego algo que la Red tiene totalmente prohibido, fue económico. Ni retribución en efectivo, ni en especie, ni en participaciones, ni nada. Aunque otros utilicen la palabra mentor de diferente manera, para mí uno verdadero es aquel que lo hace de forma desinteresada. Si hay algún interés de tipo económico, estamos hablando de asesores, de consejeros, o quizá de otra cosa, pero en mi opinión, nunca de mentores.

Una relación de mentorización tiene que ser lo primero una relación de confianza entre dos personas. Ha de tener un objetivo bastante concreto y, además, siempre se acaba. Pero lo más importante, es que el mentor no está para decir al emprendedor lo que debe hacer, sino para retarle, para hacer de abogado del diablo, para empujarle a ir más allá… Cuando lees las biografías de grandes emprendedores siempre hacen referencia a alguien que en algún momento dado hizo todo eso y más. También les ayudaron a abrir puertas, pusieron a su disposición su red de contactos, pero repito, nunca les dijeron lo que debían hacer. Creo mucho en esas relaciones vis a vis, de confianza, en las que nadie tiene las respuestas completas, y en el que se colabora para encontrarlas. Para mí esa son las verdaderas relaciones de mentorización.

Y esa es otra gran diferencia con los llamémosles ‘mentores profesionales’ que hay en toda buena aceleradora o programa de emprendimiento que se precie. Partiendo de la base de que en ese caso ya hay intereses económicos de por medio, y por lo tanto eso influirá en mayor o menor medida la relación, el objetivo será precisamente acelerar las empresas hacia el éxito más que fortalecer a los emprendedores. De alguna forma, siempre existirá en ese entorno un modelo más directivo frente a un modelo más de ayudar a encontrar las respuestas que se da en una relación verdadera de mentorización.

Quiero aclarar que no quiero tirar por tierra lo que hacen las aceleradoras y diversos programas de emprendimiento. Yo de hecho también colaboro con algunas de ellas y el trabajo que hacen es espectacular. Sin embargo, creo que a veces se hace un uso demasiado alegre de la palabra mentorización para apalancarse en las bondades de la palabra.

Y no creo que sean incompatibles, es más, considero que son totalmente complementarias. Creo que tener expertos profesionales a tu alrededor, que te asesoren en determinados aspectos y te marquen el buen camino es una ventaja competitiva terrible. Y en eso, las buenas aceleradoras son muy buenas. Pero si además, encuentras una persona con la que tengas la confianza y la complicidad para explorar ideas locas, para aceptar que te cuestione cosas, para sacarte de la locura del día a día y mirar más allá, con el único interés de ayudarte, ¿qué más puedes pedir? Bueno sí, ya sé, todo lo de arriba y un inversor rico, pero nadie dijo que iba a ser fácil 🙂

@resbla

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