¿Se agota el círculo virtuoso para los dispositivos móviles?

En esta nueva etapa en la que (rápidamente) voy entrando, seguramente empiece a hablar de temas que antes por razones obvias estaban un poco fuera de límites. Y este quizá sería uno de esos de los que no habría escrito hace unas semanas.

No hace falta haber estado en el MWC para detectar un cierto agotamiento en los dispositivos móviles. A pesar de los extraordinarios números de los nuevos dispositivos de Apple, y su encarnizada pelea con Samsung por los primeros puestos, así como el nacimiento de nuevas estrellas desde China como Xiami o OnePlus (sobre los que hablé en Sintetia), se nota una cierta falta de sorpresas por el lado de los dispositivos. Parece que hemos entrado rapidísimamente en una simple carrera de “grandeza”. Quién tiene la mejor pantalla, quién tiene más núcleos, quién tiene más almacenamiento, quién tiene más megapíxeles en su cámara…

Y esto me resulta muy familiar. Hace ya unos cuantos años, se habló mucho sobre el círculo virtuoso entre el software y el hardware en el mundo del PC.

Los fabricantes de software fabricaban aplicaciones por encima de las capacidades de los PCs que existían en ese momento con la certeza de que en meses los PCs serían capaces de correr esas aplicaciones, y al revés, los fabricantes de PCs (y concretamente de procesadores), gracias a la Ley de Moore, trabajaban a tope para cumplir la Ley sabiendo que habría software que se aprovechara de la nueva potencia adicional de sus nuevos productos.

Esto funcionó muy bien durante muchos años. Primero el simple incremento en la fuerza bruta de los ordenadores impulsó el incremento en la productividad en las oficinas. Cada nuevo lanzamiento de Excel era un salto cualitativo que abría nuevas oportunidades a negocios pequeños de todo el mundo que no habían tenido acceso a los ordenadores (no personales) de aquella época. Puede parecer irrisorio ahora, pero conozco gente que casi hacía cola a la puerta de las tiendas para comprar la última versión de Excel en esos días.

Esa es la época en la que las novedades llegaban antes al mundo de la empresa que al doméstico. Eso fue cambiando según fueron mejorando por un lado los gráficos, tanto en número de colores como en definición, como la reconversión del PC en un dispositivo multimedia. Todavía recuerdo alucinado cuando escuché por primera vez una tarjeta de sonido Adlib, y de repente el PC emitía música en vez de los chasquidos a los que estábamos acostumbrados.

Esa revolución que vino en principio de la mano de los juegos hizo que la informática doméstica empezará a evolucionar más rápido que la que había en las empresas. Luego vino la multimedia de alta calidad, internet y finalmente la movilidad…

Con toda esa evolución, ese círculo virtuoso se fue debilitando. Salvo en el mundo de los juegos (y sin duda se ha ralentizado mucho), no hay aplicaciones que exijan una renovación de un equipo porque no sea capaz de correrla. Las renovaciones vienen más por el simple envejecimiento del equipo, más que por el hecho de no poder jugar a un determinado juego o correr una determinada aplicación.

Pues bien, tiene toda la pinta de que la industria de los dispositivos móviles se encuentra en una coyuntura similar. Si el círculo virtuoso del PC fue creado por el software y el hardware, aquí ha habido un tercer factor, la conectividad.

Exáctamente igual que en el mundo del PC, mayores demandas por parte del software han empujado a que el harware mejorara rápidamente, pero además, las nuevas y más rápidas tecnologías de conectividad de datos han empujado tanto al hardware como al software, y sobre todo, la renovación de terminales.

Sin embargo, como decía, la industria da cierta sensación de agotamiento de ese modelo. Quitando otra vez los juegos más potentes, la mayoría de las aplicaciones corren sin problemas en móviles modernos y no necesitan de la próxima generación para hacerlo. La calidad de las pantallas ha llegado un punto en el que los incrementos son marginalmente mejores desde el punto de vista de los beneficios para el usuario (también recuerdo los alucinantes cambios entre CGA, EGA y VGA, y lo poco que nos empezó a importar aquello cuando pasamos de XGA). Almacenamiento, megapíxeles en la cámara, núcleos del procesador, todo eso empieza a ser poco importante porque hemos llegado a un nivel de capacidad en los dispositivos que cubren con creces las necesidades de la grandísima mayoría de usuarios. Y lo mismo pasa con la conectividad. Si la llegada del 3G significó un importante motivo para la renovación de dispositivos, el 4G no parece que haya sido igual, y tengo personalmente mis dudas sobre el interés de la mayoría de los usuarios por lo que pueda traer el 5G. Si vemos el ejemplo de la conectividad en los hogares, una vez pasados los 50Mb de velocidad, no parece que haya un grandísimo interés más que para un pequeño nicho de usuarios. Lo cual hará que la subida de velocidad vendrá más por el lado de la oferta que por el de demanda.

Mucho de eso se ha visto en el último MWC. Las grandes estrellas no han sido los fabricantes de dispositivos, ni las operadoras, ni los desarrolladores de apps. En el MWC se ha hablado mucho de llevar la conectividad a los países pobres y en desarrollo (clara respuesta a la falta de nuevo negocio que se ve en los mercados maduros), se ha hablado mucho de contenido, y se ha hablado muchísimo de los dispositivos vestibles y por lo tanto de IoT.

Curiosamente llegamos a un punto convergente con el mundo de los PCs. Hace ya muchos año escuché que el lenguaje natural sería lo que rejuvenecería al círculo virtuoso del PC. Si a esto le añadimos los gestos, pero también información corporal recogida a través de sensores, es al punto al que también han llegado los móviles, en este caso dependiendo de dispositivos externos (en mucho casos vestibles).

En el tema del lenguaje natural, también se puede aplicar la famosa broma de que llevamos 20 años estando a 5 de que sea una realidad. Sigo viendo demostraciones de interactuar con PCs con la voz que ya ví hace muchos años. Tengo la sensación de que podemos estar viendo algo parecido en el tema de los wearables e IoT. Son la gran esperanza de la industria, pero aunque sin duda será una realidad a medio plazo, lo será de una forma muy diferente a la que estamos viendo ahora en la que estamos con productos solo atractivos para los entusiastas y los (muy) early adopters.

Siempre me acuerdo de cuando hace muchos años intentábamos vender los primeros dispositivos bluetooth. Al principio había que vender adaptadores USB, incluso se intentó vender para generar redes inalámbricas. Por supuesto que se vendió poquisimo, para verdadera frustración de los que lo intentábamos. Vendíamos la idea de que sería una tecnología que estaría por todos los sitios en el futuro y de que los conectores eran una forma de estar preparados para ese futuro (otra vez el círculo vicioso). Y ocurrió, ahora bluetooth es una tecnología ubícua. El problema era que en aquella época se hablaba de 1-2 años como mucho, y no fue hasta que la tecnología se integró y “desapareció” de los ojos del público, hasta que se convirtió en una tecnología masiva.

Todo esto que no es más que un caso clásico del ciclo de adopción tecnológico, debería de ser un aviso a toda la industria. De la misma forma que Google nunca pasó más allá de los Innovators con sus Glass al no ser capaz de tener más tracción con Early Adopters ni por supuesto con la Early Majority, en mi opinión por hacer su tecnología demasiado obvia y visible, todo lo que está girando alrededor del lenguaje natural y vestibles tiene que conseguir saltar esa barrera.

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