La burbuja emprendedora y la revolución de lo material

Ahora que ya estamos de lleno en la época estival, y además ando bastante liado, puede ser un buen momento para recuperar algunos artículos del pasado. En este caso, me traigo uno de Sintetia publicado hace casi dos años y medio.

Releyéndolo, me alegra ver que algunas cosas de las que dije están ocurriendo, y además las estoy viendo de primera mano.

Para empezar, es muy difícil ver un nuevo proyecto estartapero hoy en día 100% digital. Lo más normal es que tengan un pie en lo digital y otro en el mundo real, pero además, hay muchísimos proyectos en el que hay algún tipo de hardware involucrado, algo casi impensable hace muy pocos años.

Por otro lado, las aceleradoras, que sin duda se han reproducido como setas, están dejando paso a otro tipo de jugadores más especializados. Bien sea por área de conocimiento, o por área geográfica, están surgiendo fondos de inversión muy verticales con la misma vocación de acelerar startups pero de una forma muy diferente a como lo hacían las “clásicas” aceleradoras.

Y finalmente, los famosos mini-clusters de los que hablaba aunque no es trabajo de un sólo día, sí que parece que en algunos sitios se podría decir que estamos empezando a ver el nacimiento de algunos en España. En Madrid por ejemplo, es interesante el ejemplo del Parque Científico. Y recuerdo como poco después otra vez en Sintetia, se volvió a hablar de los clústers en esta entrevista a Joan Martí.

Bueno, os dejo aquí el artículo tal cual se publicó en su momento, a ver qué tal ha envejecido.

 

Siento decir esto, porque además de colaborar con algunas de ellas, soy un verdadero admirador del trabajo de todas, pero alguien tiene que hacerlo. Las aceleradoras, incubadoras y lanzaderas de empresas de este país tienen los días contados, al menos, en su formato actual.

Desde luego que no soy el primero en decir algo parecido, y ya se ha hablado bastante de la burbuja emprendedora que se está generando en este país (y seguramente en todo el mundo). Pero yo me refiero a otra cosa. Las aceleradoras (para resumir, a partir de ahora sólo usaré aceleradoras para referirme a todos los programas alrededor de las start-ups) son una cosa del pasado, están obsoletas.

Las aceleradoras son víctimas del ecosistema que han ayudado a crear, y en cierto modo, víctimas de su propio éxito. Y aunque se crean en la punta de lanza de la tecnología, se han quedado atrás, y quizá para siempre.

La revolución móvil dio a las aceleradoras su razón de existir. Métodos de creación de empresas express, con poquísima necesidad de CapEx, y con productos digitales. Es decir, si para montar una start-up en este mundo se necesitaba “poco”, para montar una aceleradora, no se necesita mucho más que un lugar físico pintado de colores chillones, una conexión a internet y “mentores”. Lo de tener acceso a financiación ya era opcional (sobre todo en programas públicos).

Pero el mundo ha cambiado. En estos últimos días me he estado leyendo el último Technology Quarterly de The Economist, y algo que llevaba barruntando cierto tiempo ya ha terminado de estar muy claro.

Hay una clara desconexión entre lo que los expertos consideran que son las tecnologías futuras y en lo que están trabajando los empresarios del futuro en las aceleradoras del presente.

Esta última edición del Technology Review es prácticamente un monotématico sobre lo que parece que todo el mundo esta de acuerdo que va a ser la próxima gran explosión, la robótica. En realidad, si quisiéramos hablar de una tendencia todavía más genérica, hablaríamos de que el futuro está en las cosas materiales. Me atrevo a decir que después de un par de décadas centrados en lo digital, nos acercamos a un nuevo tiempo de lo físico.

Eso sí, si esas décadas digitales se basaron en una revolución de un material muy físico cómo el silicio, esta próxima revolución de lo físico estará basado en lo digital. Los robots, la impresión 3d, los materiales inteligentes y cosas que ni imaginamos, estarán basados en la revolución que hemos vivido en el software, y se aprovecharan de muchas de esas cosas que se han desarrollado en los últimos años, la geolocalización, lo social, lo móvil…

Si analizo mi experiencia personal (que no sé si es mucha o poca) y pienso en qué tipo de empresas se están incubando en la actualidad, se me ocurren muy poquitas que estén centradas en el mundo tangible o material. Casi todas siguen centrándose en el mundo móvil, las redes sociales… El pasado, o venga, el presente por no sonar excesivo.

Pero no sólo eso, tengo también la sensación de que las aceleradoras se han diseñado para pensar “a lo pequeño”, y generan proyectos que piensan a lo pequeño. Los objetivos son realistas y modestos, lanzar un producto rápido, monetizar ese producto rápido y por lo tanto, ese producto será pequeño, y obviamente digital. Dudo que el Doctor Maligno con un plan de dominación mundial fuera a una aceleradora para desarrollarlo. Si lo hiciera, seguramente acabaría con una página web anunciando que en unos meses llegaría un plan de dominación mundial y buscando usuarios interesados en probarlo.
La verdad es que las aceleradoras no se están quedando quietas y están evolucionando. Muchas de ellas están siguiendo una estrategia lógica, la especialización, verticalizarse. Es una estrategia interesante, la de diferenciarse y especializarse a través de la verticalización. Una estrategia que seguramente será buena a corto plazo, sin embargo, a largo, será un desastre.

Y será un desastre porque ese futuro necesita de otras cosas. Para empezar, ese futuro que vuelve a ser material, necesita de inversiones reales. No será suficiente un local con conexión a internet. Van a hacer falta máquinas, instalaciones que necesitan capital de verdad. Pero sobre todo, va a hacer falta tiempo.
Los programas de todas las aceleradoras están limitados en tiempo, y suelen ser muy cortos. Con procesos de trabajo rápidos que buscan resultados inmediatos, métodos perfectos para el mundo digital. Pero, ¿lo son para este nuevo mundo? Pues algunos sí, pero otros de hecho serán perjudiciales. Es imposible desarrollar un nuevo material, o crear un dron volador en 6 meses (dos ejemplos del Technology Quarterly).

Y retomo el tema de la verticalización y de por qué creo que a largo plazo es un error. Este futuro necesitará de muchísima colaboración interdisciplinar. Hacen falta ingenieros (industriales, civiles, aeronáuticos…), programadores, químicos, físicos, arquitectos, médicos…, y gente de negocios claro, trabajando juntos. La especialización actual es justo lo contrario, poner gente parecida para ir más rápido, programadores con más programadores aderezados con un poco de gente de negocios.

Por todo ello, las aceleradoras del futuro tendrán que transformarse en “mini-clusters”. Los famosos clusters son el Santo Grial de todas las grandes ciudades y países del mundo. El otro día leía un nuevo intento, muy serio, de crear uno nuevo, en Chicago. Las aceleradoras tendrán que hacer eso, aunque a otra escala.

Por eso, tendrán que especializarse, sí, pero en áreas de experiencia, no en mercados. Esos mini-clusters tendrán que tener unas instalaciones de acuerdo a su área de experiencia que puedan poner a disposición de sus empresas incubadas, bastante más que un simple escritorio y una buena conexión a internet. La buena noticia, es que si se cumple la promesa de la impresión 3D, esas instalaciones serán más asequibles.

Los tiempos que manejarán estos mini-clusters serán mucho más largos. Imposible desarrollar, prototipar y fabricar un robot en 6 meses. Y esto tendrá una complicación añadida. Con una rotación de empresas mucho menor a la que tienen ahora, y encima con unas necesidades de capital mayor, estos mini-clusters tendrán que hilar muy fino y acertar mucho en las tecnologías y en las empresas en las que apuestan. La financiación, y una financiación a largo, será clave. El elegir muy bien las ideas, pero sobre todo las personas, será crítico. Y acertar en la combinación de empresas aceleradas será importantísimo.

¿Y qué pueden hacer las aceleradoras para cambiar esta situación? Se me ocurren un par de cosas.

La primera, empezar a salirse de lo “normal”. Empezar a buscar proyectos “físicos”, fuera del mundo puramente digital. Esto significará buscar en “caladeros” diferentes de emprendedores, y que seguramente no encajen bien en los programas que tienen en la actualidad. Pero, ¡ah!, las aceleradoras siempre hablan de saber manejar la incertidumbre y los cambios, es el momento de demostrar que pueden hacerlo ellas también. Según tengan más y más gente “rara” tendrán que cambiar sus programas, y eventualmente pensarse qué inversiones de capital harán para soportar los proyectos de estos emprendedores.

Y la segunda, acercarse a las universidades. Sé que esto es un tema muy manido, pero quizá es el momento. Tienen el conocimiento, y en muchos casos, tienen las instalaciones. Hace tiempo, las universidades sufrieron otra burbuja emprendedora en forma de fundaciones universidad-empresa de I+D. Toda universidad que se preciara tenía que tener una (en algunos casos varias) cómo objetivo de generar transferencias tecnológicas hacia las empresas locales, e incluso en algunos casos, proyectos empresariales propiamente dichos. Los primeros, se convirtieron en sumideros de subvenciones. Los segundos, conozco muy pocos casos. Los que yo conozco se cuentan con las manos.

Hace años trabajé en una, y aunque les he perdido un poco la pista, viendo la coyuntura económica, me imagino lo mal que lo estarán pasando las que quedan (muchas fueron desmanteladas). Creo que puede ser un buen momento para aproximarse a ellas y ver si existe la posibilidad de trabajar conjuntamente en proyectos más pequeños de lo que están acostumbradas las fundaciones, y más físicos y de larga duración de lo que están acostumbradas las aceleradoras.

En todo caso, aunque parezca que estamos en la época dorada de las aceleradoras en este país, creo que ya hemos pasado ese momento. Sin embargo, eso no significa que deban desaparecer, de hecho, creo que son tremendamente necesarias, y más teniendo en cuenta la situación de la innovación en este país. Las aceleradoras se han convertido en una especie de escuelas de negocio “low cost”, que realmente forman y desarrollan emprendedores. Esperemos que las aceleradoras tengan esa capacidad de pivotar de la que tanto hablan a sus acelerados y se adapten rápidamente a la nueva realidad. Todos lo necesitamos.

@resbla

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