Lo original está sobrevalorado

Hay un concepto que escuché hace mucho tiempo (no recuerdo dónde fue la primera vez) y que no me canso de repetir, copiar con orgullo.

Y es que vivimos en un mundo, que como no puede ser de otra forma, valora mucho la originalidad. El problema es que a veces nos pasamos, o simplemente no hace falta. Eso nos lleva a que tenemos la tendencia natural a reinventar la rueda, y eso es un problema.

Si se pudiera calcular la cantidad de dinero y de esfuerzo que gastamos como sociedad en reinventar ruedas en todos los sectores de la economía, creo que encontraríamos el principal filón de mejora de la productividad en la economía (hace unos días hablaba precisamente en Sintetia de mejoras de productividad).

Pero seguimos haciéndolo, cada vez que nos enfrentamos a un problema nuevo, nuestro primer impulso es buscar una nueva solución, lo cual a veces es un proceso largo, complejo y caro.

De alguna forma esto es lo que intenta solucionar los procesos de innovación abierta, que intentemos ver si alguien en algún sitio inventó una rueda que venga bien para nuestro problema. La diferencia con procesos de innovación más tradicionales es que no vamos a mirar entre los expertos en nuestro problema para ver qué ruedas tienen para este problema, sino que miraremos a gente de otros sectores y áreas de conocimiento para ver si se han enfrentado a problemas similares y podemos utilizar las ruedas que inventaron ellos para esos problemas.

Hay muchos ejemplos de esta “lateralidad” a la hora de buscar soluciones a determinados problemas, pero hay uno que utiliza mucho Xavier Marcet que me encanta.

Todo empieza con la famosa historia sobre como Henry Ford cuando vio como los carniceros en Chicago despiezaban la carne y como pensó que algo parecido estaría bien para el montaje de coches. Esto ayudó a la Ford a desarrollar lo que se considera la primera línea de montaje en línea moderna.

Unos años después de esa primera línea de montaje, los dueños de White Castle (una pequeña cadena de comida rápida en EEUU) decidieron adaptar los conceptos de la línea de montaje de coches a la comida rápida. Estandarizaron productos y procesos, redujeron la oferta, y hasta inventaron un bollo de pan estándar que facilitara todo el proceso y que hiciera que los productos fueran iguales en todos sus restaurantes. Restaurantes por cierto, que eran prefabricados en un intento adicional de estandarizar todo el proceso.

Esta metodología fue copiada por Ray Kroc, el responsable del crecimiento de McDonald’s desde un único restaurante a la multinacional que es ahora.

Y en una vuelta con cierta ironía del destino, nos encontramos los procesos que empezaron en los carniceros de Chicago, adaptados por Ford a la fabricación del automóvil, luego por White Castle para darnos de comer, finalmente en una cadena de clínicas en EEUU, American Family Care.

En esta cadena de clínicas, utilizan técnicas de selección de lugares parecidas a las de una cadena de comida rápida, y se centran en ser muy eficientes y amigables con el cliente. Horarios, situación y servicios para clientes con poco tiempo, y centrándose en enfermos de poca gravedad cuyos tratamientos son sencillos y en los que consiguen mucha más eficiencia que las urgencias de los grandes hospitales.

Así que sin duda todos queremos ser originales e inventar algo totalmente nuevo. Esa rueda perfecta que revolucione el mundo y solucione nuestros problemas. Sin embargo, muchas veces, las respuestas están muy cerca de nosotros. Hay que buscarlas, encontrarlas, y luego… ¡copiar con orgullo!

@resbla

5 comentarios sobre “Lo original está sobrevalorado

  • el 07/10/2015 a las 09:20
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    Totalmente de acuerdo. Y más en una época en la que PARECE que toda innovación debe tener una componente tecnológica (yo no puedo innovar porque no sé XXXX). Estamos perdiendo la capacidad no solo de observación, sino de reflexión sobre lo que observamos. Y muchas veces nos centramos en aquellos temas que nos afectan directamente, sin darnos cuenta que estamos perdiendo unas magníficas fuentes de inspiración: lo que hacen los demás.

    Aún con esas, claro está, es necesario tener el empuje para sacar las cosas adelante. Todas las personas que citas en el ejemplo (no conocía el caso, pero me parece totalmente esclarecedor) necesitaron la fe en sí mismos y el pundonor para llevar a cabo sus proyectos. Pero debemos desmitificar, cuando menos, la dificultad de generar ideas. Basta con observar a nuestro alrededor y reflexionar un poco.

    Saludos,
    Ángel

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    • el 07/10/2015 a las 09:26
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      Muchísimas gracias por el comentario Angel, no sólo por el simple hecho de comentar, sino por aportar un matiz muy importante a mi post. Y es que no puedo estar más de acuerdo con tu frase “estamos perdiendo la capacidad no solo de observación, sino de reflexión sobre lo que observamos”. La superficialidad con la que miramos todo en este mundo tan abierto es una verdadera lástima, como mucho vemos el árbol pero nunca el bosque.
      Saludos!
      Roberto

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      • el 07/10/2015 a las 09:35
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        ¡Gracias a ti, Roberto!

        Siempre me pregunto cuál es el momento de la vida en el que dejamos de ser niños 🙁

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        • el 07/10/2015 a las 09:40
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          Mi mujer dijo exactamente eso ayer cuando hablábamos de estos temas 🙂
          Saludos!
          Roberto

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