Lo digital en las elecciones americanas, y nuestra Agenda Digital

Cuanto más sabemos sobre los motivos de la sorprendente victoria de Donald Trump en las elecciones en EEUU, más somos conscientes de la importancia que ha tenido la tecnología en ellas. Tanto por su utilización, como por su relevancia que ha tenido en el debate político.

De eso va el #techno-bits de esta semana que llega a este blog con retraso, pero que llego semanalmente y puntualmente a Capital Radio, como siempre, con Luis Vicente Muñoz:

 

Podríamos decir que el tema de la tecnología ha entrado de tres grandes formas en la campaña. La primera, desde un punto de vista del sector tecnológico en EEUU, sin duda uno de los motores de su economía. Desde muy pronto, Sillicon Valley se posicionó en contra de Trump y a favor de Clinton. Por un lado, Sillicon Valley ha sido tradicionalmente demócrata en un estado, California, que es un feudo del Partido Demócrata. Además, esta tendencia se ha ido reforzando con los nuevos líderes de las tecnológicas californianas, muy comprometidos con la diversidad y el medio ambiente.

Sin embargo, también tenían motivos económicos para no estar a favor de Trump. Una de las polémicas durante la campaña es que Trump dijo que los iPhones deberían fabricarse en EEUU, y que si el ganaba haría todo lo posible porque así fuera. Y la forma de hacer esto es siempre a través de tarifas e impuestos.

Un ejemplo de país que ha conseguido que se fabriquen muchos productos electrónicos dentro de sus fronteras es Brasil. Brasil impone unas tarifas enormes a los productos terminados, mientras que los tiene bajos para las piezas destinadas al ensamblaje local. Esto no ha conseguido por supuesto que se fabriquen totalmente los productos allí, sino que las marcas buscan el mayor equilibrio entre la eficiencia de fabricación y la fiscal, lo que al final significa importar el producto despiezado y ensamblarlo localmente.

No sé si es el camino que emprenderá Trump, pero es fácil imaginarse que será algo parecido. Obviamente Brasil no es EEUU porque muchas de las empresas tecnológicas son estadounidenses y no se podrán permitir no competir en su mercado doméstico como sí que han hecho con Brasil en algunos casos, pero no cabe duda de que medidas así tendrían un impacto importante en los costes de los productos.

Mucha gente sigue pensando que la competitividad de China viene por una mano de obra barata. Sin embargo, esto ya no es así. Los sueldos han subido mucho allí, e incluso, los costes de transporte desde China han subido también bastante en los últimos años. Su ventaja viene principalmente de dos factores. El primero, tienen ya capacidades de diseño que no existen en otros países. Por ejemplo, en España que prácticamente ya no tenemos industria de fabricación de electrónica, existen muy pocos ingenieros con las habilidades y experiencia que se necesitarían para fabricar estos dispositivos. Pero sobre todo, la gran ventaja competitiva de China es el clúster que se ha generado que apoya toda la industria de fabricación electrónica alrededor de Shenzhen. Esto es actualmente algo único en el mundo y totalmente imposible de replicar a corto plazo en ningún sitio, incluido EEUU. Esto significará que si Trump inicia ese camino, EEUU tendrá que importar la gran mayoría de los componentes electrónicos de China ya que actualmente no se fabrican allí, con las complejidades y costes que esto trae a las cadenas de suministro.

En segundo lugar, la tecnología ha aparecido en campaña fuertemente relacionada con la ciberseguridad, y lo ha hecho de forma espectacular con dos casos. El primero, el gran ataque DDOS que sufrió algunas de las principales empresas de internet de EEUU en plena campaña y que puso en el centro del debate la situación sobre estos temas y el papel de otros países como China, Rusia y Corea del Norte.

Pero seguramente a pesar de la importancia del ataque que seguramente haya sido el mayor conocido y de que será reconocido como el primer ciberataque de la era IoT por la implicación de dispositivos como cámaras de seguridad en él, lo más importante en este tema fue el caso de los correos electrónicos de Clinton.

Este caso puso de relieve dos cosas, una, que ni siquiera una Secretaria de Estado está a salvo de este tipo de situaciones. Lo cual debería ser una llamada de atención a todo el mundo, gobiernos, empresas y personas. Y dos, algo que todos los administradores de IT y de seguridad saben muy bien, que el eslabón más débil es siempre el usuario.

Y por último, estas elecciones han estado sin duda marcadas por la importancia que ha tenido los medios digitales en ella, principalmente las RRSS. Si Obama en su primera campaña ya enseñó el poder de las RRSS para conseguir ser elegido, en estas elecciones se ha visto como las RRSS se han convertido en la principal herramienta para los partidos.

Se ha observado como ambos partidos utilizaban bots para generar tendencias en RRSS. Hemos visto como bulos se propagaban rápidamente desde blogs afines y conseguían más relevancia que noticias verídicas de medios tradicionales. E incluso, lo que a mí me ha resultado más divertido, como una red neuronal (Inteligencia Artificial) ha estado lanzando tweets parodiando a Trump, o más bien, imitando muy bien al Trump de verdad.

Pero igual que Obama ganó sus primeras elecciones con una herramienta muy novedosa entonces, las RRSS, parece que Trump lo ha hecho gracias a otra también aún novedosa hoy en día, el big data.

Estamos empezando a saber que Trump utilizó de forma intensiva (y muy inteligente) análisis de datos para saber realmente dónde podía tener impacto y ser capaz de conseguir movilizar al electorado necesario, sobre todo en esos famosos swing states.

Y es que si antes de la votación, algunos analistas se sorprendían de dónde estaba realizando Trump campaña los últimos días frente a dónde lo hacía Clinton, ahora ya sabemos mejor por qué. Aún con herramientas que nos parecerán muy básicas a muy corto plazo, quizá estas elecciones serán recordadas por las primeras de la era del Big Data.

Y mientras tanto, al otro lado del charco, aquí en España, tenemos ahora un Ministerio de Agenda Digital. Seguramente deberíamos de dar cierto cuartelillo al Ministro y al Ministerio, pero hay motivos para ser escépticos.

Más allá de lo llamativo que es que el ministro tenga prácticamente cero presencia en el mundo online, hay motivos para la preocupación.

Para empezar, la susodicha Agenda se publicó en 2013 al albor de la Agenda de la Comisión Europea. La Agenda tenía unos objetivos para el 2015, y se actualizó ese mismo año con nuevos objetivos que venían de Europa. Más allá de eso, poco más, y teniendo en cuenta que los objetivos eran para el 2015, supongo que podríamos suponer la agenda terminada.

En todo caso, los objetivos de la Agenda son los que los americanos llaman una laundry list. Una lista de objetivos muy genéricos sobre los que además habría mucha discusión sobre la capacidad del Gobierno en influenciar sobre ellos, y es más, si esos objetivos son realmente relevantes.

En todo caso, queda claro que uno de los primeros objetivos del nuevo Ministro será el de actualizar la Agenda.

Por otro lado, hay cosas que me preocupan aún más y es lo disperso que ha quedado lo “digital” en el nuevo Gobierno.

Personalmente, creo que los dos retos digitales más importantes que tenemos delante de nosotros y que son oportunidades para liderar, son lo que se ha llamado Industria 4.0 y la revolución en la generación y distribución de electricidad en la que ya estamos.

Pues bien, electricidad e industria está en otro Ministerio, y medio ambiente en otro. Así que todo esto lo tenemos repartido entre tres Ministerios.

Lo dicho, tendremos que esperar a ver cómo evoluciona esto, pero parece que cuándo mínimo será difícil de coordinar.

@resbla

 

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