Über, uno no debería esperar a valer 70000 millones para trabajar la cultura

Llevamos ya unos días sin CEO en Über después de que el que lo fue durante los últimos 8 años, y uno de los fundadores, Travis Kalanick, dimitiera presionado por sus propios inversores. El cómo hemos llegado aquí ya es público y notorio, y demuestra el lado más oscuro del mundo del capital riesgo y las startups.

De eso hablamos en el #techno-bits de esta semana en el programa de Luis Vicente Muñoz en Capital Radio:

 

Hace un año escribí este artículo en Sintetia en el que hablaba sobre los valores corporativos. Ponía en relación lo que había pasado en empresas como Volkswagen y lo que veo en startups. Por aquel entonces no habíamos tenido un caso tan enorme como el de Über en el mundo de las startups, pero en realidad, si encontramos empresas con culturas tóxicas entre las grandes del mundo, empresas que se suponen con una gobernanza profesional y además con la transparencia que debe dar cotizar en las grandes bolsas del mundo, qué no podemos esperar de pequeñas startups que luchan por su vida todos los días.

Pero Über no es una pequeña startup. La valoración última que se supone a la compañía (no cotiza en bolsa por lo que no tienen obligación de compartir ese tipo de información) es de 70000 millones, valor a la que realizó su última ampliación de capital. Así que no estamos hablando de 5 chavales en un garaje, estamos hablando de otra cosa muy diferente, con miles de empleados, con algunos de los inversores más importantes del mundo, y con un equipo ejecutivo altamente profesionalizado. Así que, ¿cómo ha podido pasar esto?

La dimisión de Kalanick viene después de una lista ya casi interminable de escándalos, desde problemas con las condiciones laborales de sus conductores, las obvias tensas relaciones con administraciones locales y taxistas, y multitud de problemas relacionados con el machismo que incluso han llegado a situaciones de acoso sexual muy mal resueltas.

Y en realidad todo esto nunca importó mucho por un simple pero poderoso detalle. A Über le iban bien las cosas, en realidad muy bien. Eso es, en perspectiva, el único motivo por el que no haya pasado nada hasta ahora.

Las cosas no es que le vayan mal a Über ahora, pero sí que es verdad que ya no parece tan invencible como parecía. La marea parece que está cambiando en cuanto a la situación legal de la compañía en muchas ciudades, e incluso a nivel de la Unión Europea, dónde han perdido muy recientemente un caso muy importante. Pero es que además, la división de coches autónomos está prácticamente parada por sus problemas con Google. Por no hablar de los continuos problemas de relaciones públicas que entre otras cosas están dando alas a sus competidores.

Así que es razonable pensar que el levantamiento de los inversores de Über contra Kalanick no es tanto por motivos éticos, sino por motivos puramente económicos. Y ese es el problema y es sin duda la cara más oscura del mundo del emprendimiento. Para algunos, todo vale en pos del éxito y la rentabilidad de la inversión.

Siempre se atribuye a Peter Drucker esta frase, la cultura se come a la estrategia para desayunar (aunque leyendo esto puede que no sea el todo correcto). Y otra gran cita del mundo del management que no me atrevo a referenciar es que la cultura en la empresa es aquello que hace la gente cuando nadie mira.

Y no cabe duda de que la cultura en Über es más que cuestionable, tóxica. Ahora que las cosas van peor, pero también cuando las cosas iban bien. Una diapositiva interna filtrada a la prensa hablaba de las competencias a buscar en los nuevos empleados de Über:

uber competencies

En la lista aparece algo tan abstracto como “super pumpedness”, que podríamos traducir como “superenergizado”, y algo que ha sido marca de la casa como la fiereza. Über siempre hizo bandera de un lema muy común en Silicon Valley, “Move fast and break things”, ve rápido y rompe cosas.

En realidad Über hizo de su modelo de negocio el romper cosas, especialmente las costuras del status quo a nivel mundial en el transporte urbano de personas. Y desde luego, los inversores lo sabían. Sabían que se iban a romper muchas cosas, y por lo tanto, había que poner mucho dinero para pagar abogados.

Así que no es sorpresa que el líder de todo esto tuviera una mentalidad de alpha dominante y que la proyectara sobre su organización. Y claro, mientras para algunas cosas esto puede ser bueno, muchas veces los efectos secundarios de ese estilo de liderazgo suelen incluir el machismo, la insensibilidad y en definitiva, la prioridad de los objetivos empresariales sobre las personas, internas o externas a Über. Ya no hablemos de stakeholders claro.

Además, una empresa que nace con el objetivo de hacer saltar por lo aires la legislación existente en cuanto al transporte de pasajeros, no parece posible que pueda generar una cultura de respeto a las normas.

Es curioso que en la época del shared value de Porter, haya empresas que nazcan conscientemente fuera de los límites que ponía Friedman a los objetivos de las empresas, y aún más, que haya gente que las financie.

En todo caso, y volviendo a una discusión más terrenal, creo que esto debería ser un poderoso aviso para empresas grandes y pequeñas. No deberías esperar a valer 70000 millones de dólares para trabajar la cultura de tu empresa y asegurarte de que no es tóxica.

@resbla

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