Theranos o todo lo malo del “espíritu emprendedor”


Hace unos días, la SEC americana publicaba que Elizabeth Holmes y Ramesh Balwani, CEO y presidente de Theranos, habían sido acusados de un fraude continuado por valor de 700 millones de dólares y que habían aceptado un acuerdo que les obliga a pagar una importante multa así como perder poder y participaciones en la empresa.

Theranos fue uno de los unicornios más adorados del mundo de la biotecnología en Silicon Valley. Su auge y caída representa a la vez lo mejor y lo peor de como se hacen las cosas en el mundo de las startups.

De eso hablamos en este #techno-bits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

 

Un poco de historia, Theranos es una startup de biotech fundada por Elizabeth Holmes en 2003 con el objetivo de disrumpir el mercado de los ensayos clínicos, concretamente los de sangre.

Theranos llegó a estar valorada en 9000 millones de dólares y su fundadora fue nombrada por Forbes la milmillonaria hecha a sí misma más joven de la historia.

A lo largo de los años hubo muchos rumores sobre la realidad del producto que vendía Theranos, pero esos rumores se confirmaron a finales del 2015 cuando el Wall Street Journal publicó un artículo de investigación que básicamente venía a decir que Theranos no hacía lo que decía que hacía. Para empezar, utilizaban tecnología de terceros en vez de la suya propia que se suponía que era disruptiva. Además, los resultados eran muy poco fiables. Dentro del proceso disruptivo anunciado por Theranos, la toma de muestras de sangre se limitaba a utilizar una simple gota de sangre tomada de la punta de un dedo, pero para poder utilizar tecnología tradicional de terceros, tenían que diluirla, lo cual provocaba graves problemas de fiabilidad.

Ante la pérdida de clientes y la amenaza de acciones legales contra ellos, Theranos decidió pivotar (jerga emprendedora para el cambio de estrategia) dejando a un lado los análisis de sangre baratos y centrándose en el desarrollo de una máquina de análisis barata.

En perspectiva, lo más delirante de todo esto es que hace unos pocos meses Theranos aún consiguió 100 millones de dólares de financiación por parte de Softbank.

Si tuviera que elegir dos frases que resumen el “espíritu emprendedor” y las estrategias detrás de metodologías ágiles que son casi biblia en el gremio serían, move fast and break things (actúa rápido y rompe cosas) y fake it till you make it (finge hasta que lo consigas).

La primera fue un lema dentro de facebook hasta que a Zuckerberg le pareció demasiado gamberro, y la segunda podemos rastrearla hasta los principios de superación personal de gente como Carnegie.

Holmes es muy amiga de esta grandilocuencia, y estoy seguro de que en algún momento usaría estas dos frases, además de aplicarlas claro. Y como buena emprendedora de éxito, ella siempre ha intentado dejar frases inspiradoras y profundas con las que inspirar (nótese cierto sarcasmo en el comentario). Os voy a dejar algunas a lo largo del post.

Y no seré yo quien niegue que hace falta un podo de todo eso en cualquier startup, y sobre todo el principio. Pero llega el momento en el que hay que crecer y madurar. El problema de Theranos es algo que podríamos llamar Síndrome de Peter Pan estartapero o Sindrome del Lean Startup Perpetuo . Lo que al principio eran exageraciones infladas por un optimismo desbocado y mentiras piadosas, al final se convirtieron en un fraude de 700 millones de dólares.

Y hay tres grandes temas en los que Theranos se comportó como una startup recién formada.

Para empezar, producto de cartón piedra. Toda metodología ágil de emprendimiento gira alrededor de desarrollar Productos Mínimos Viables (MVP). Algo con lo que validar las hipótesis sobre las que se monta el negocio. Obviamente, esos MVPs tienen que ser lo más baratos posible, y lo normal es hacer MVPs de cartón piedra. Tiene cierta ironía que en MVPs se suela obviar la tecnología. El conseguir la solución tecnológica se asume que es un problema de tiempo y dinero, por lo que para validar el negocio se asume que se tiene y se prueba todo lo demás. Algo de eso parece que hay en el uso de tecnologías de terceros por parte de Theranos, lo cual podría haber sido razonable al principio para ir arrancando y terminar el desarrollo tecnológico, pero algo imperdonable después.

Luego, huir a toda costa de métricas “duras”. Hablar siempre de proyecciones, números poco concretos y centrarse en la visión. En 2014, Theranos hablaba de que “facturaría unos 100 millones de dólares y que para el 2015 esperaban llegar a los 1000 millones“. En realidad, no pasaban de los 100000$. Aquí tuvimos la polémica con Glovo, y es que hasta que se publican los datos del Registro Mercantil, todo vale.

Y por último, no hay que olvidar a los propios inversores. Irónicamente, si ellos se han comido la “trucha” son los últimos interesados en que se sepa. En el caso de Theranos, los que invirtieron a una valoración de 9000 millones de dólares, eran los más interesados en mantener el hechizo. Y esto se hace no cuestionando las proyecciones del CEO y acompañando las siguientes rondas, a ser posible subiendo la valoración.

Ahora que estamos todos entusiasmados con The Startup Way después de convertir The Lean Startup en una biblia del emprendimiento, creo que puede ser un buen momento para definir de verdad qué significa mantener el espíritu emprendedor en empresas grandes o en startups ya maduras.

Parece que siempre hay que esperar para las crisis como estas para hablar de valores como la honestidad y la integridad. Y aunque debería ser algo de lo que se hablara siempre, sería una pena no aprovechar la crisis de Theranos para volver a hablar de ello.

@resbla

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