La multa histórica a Google no es más que calderilla

4300 millones de € ha sido la multa histórica que la Comisión Europea ha impuesto a Google, y a pesar del debate y del interés de la Comisión de desconectarla de la incipiente Primera Guerra Mundial Comercial y de la reciente visita de Trump a Europa, pocos analistas serios creen que sea infundada.

De esto hablamos en este #techno-bits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

 

La pasada semana se confirmaba la mayor multa de la historia a Google por parte de la Comisión Europea. Era un secreto a voces que después del anterior récord que también fue a Google, en este nuevo caso se batiría ese récord por bastante, y que era sólo una cuestión de tiempo que ocurriera. Y es la Comisión ha intentado buscar un momento en el que no se pudiera interpretar que esta multa era parte de las represalias cruzadas entre la UE y EEUU.

La multa castiga el abuso de posición dominante que tiene Android en el mercado de los teléfonos móviles. La Comisión considera abusivas las condiciones que Google impone a los fabricantes de móviles que quieren utilizar Google Play, su tienda de aplicaciones. Desde obligar a la preinstalación de determinadas aplicaciones de Google (Gmail, Maps, etc), hasta que estas no sean desinstalables o que aparezcan en una posición preeminente. En esencia, muy parecido a la situación que se vivió con Microsoft hace años y su Explorer y su Media Player.

Hace años, pude ver de primera mano las condiciones que Google imponía para acceder a Android y poder utilizar Google Play. En aquella época, Google tenía una pequeñísima cuota de mercado en tablets, y esa es la gran diferencia cuando hablamos de esto.

Las cosas que hace Google no son ilegales per se. Las hacía en aquel momento con las tabletas, y de otra manera (obviamente ellos no licencian el sistema operativo) Apple hace cosas parecidas. El problema es que cuando se considera que una empresa tiene una posición de dominio en un mercado (en la UE es un 40%), todas estas cosas se miran de una forma diferente, y ahora ronda el 80%.

Las críticas a la multa suelen venir del argumento de que no se puede hablar de perjuicio al consumidor cuando hablamos de productos gratuitos. Históricamente se ha asociado el abuso de posición dominante a mayores precios en el mercado.

Es indudable que Android y los productos gratuitos de Google han traído muchos beneficios para el consumidor, pero si miramos más allá del precio (o su falta de), Google es una empresa tremendamente exitosa.

Los resultados de Google la colocan en línea para llegar a una facturación cercana a los 130000 millones de dólares para este año y le darán un empujón en la carrera que mantiene con Apple y Microsoft para llegar a ser la primera empresa de un billón (trillón americano) de dólares de capitalización bursátil.

Viendo sus resultados financieros, creo que ni a los más críticos se les escapará que Google utiliza todas esas aplicaciones gratuitas para conseguir datos de sus usuarios y poder vender más servicios de publicidad (28000 millones en este último trimestre), y que la clave para poder tener el máximo número de usuarios posibles es la gratuidad de Android y sus aplicaciones.

La frase de si algo es gratis tú eres el producto no puede ser más cierta aquí, y la Comisión opina que el aprovecharse de su posición dominante para hacer que los usuarios tengan menos alternativas a sus servicios es ilegal.

Aunque la Comisión no ha entrado en esto, no hay que olvidar que Google está en una posición excelente para evitar que la competencia crezca antes de que sea realmente peligrosa para ellos (útil para nosotros). Leen correos, monitorizan búsquedas, geolocalizan usuarios… si hay alguien que puede predecir que startup tiene futuro y capaz de disrumpir su negocio son ellos. La lista de compra de empresas por Google es enorme, algunos inversores hablan de una “zona de la muerte” alrededor de los negocios de Google en cuanto a la capacidad de ser viable para las startups que se atrevan a plantarles cara.

Pero probablemente la crítica que se debería hacer a la multa es si es realmente efectiva. Por un lado, esos 4300 millones de euros son menos del 15% de su facturación trimestral, y por si fuera poco, es menos de un 5% del dinero que tiene en el banco Google. No es raro que algunos medios digan que Google podría pagar esta multa y aguantar las siguientes multas que la Comisión le pudiera poner si no cambiara nada y asumirlas como coste de venta.

Pero es que además esta multa viene después de años de investigación que llegan ya en un momento de “tierra quemada”. Como hemos visto con el caso de Google Shopping (la multa que mantenía el récord a una empresa americana), cuando llegaron los remedios, el servicio ya era residual en Google, y no había competidores que pudieran utilizarlo.

Ahora, que a la Comisión le gustaría que hubiera forks (versiones alternativas), e incluso tiendas de apps que compitan con Google Play, fuera de China (casualmente donde no existe Google Play) prácticamente no existen y en los últimos tiempos hemos ido viendo anuncios de cierre de los pocos que seguían intentándolo.

En general hay un debate muy vivo sobre qué hacer con los grandes titanes de la tecnología. The Economist lleva meses hablando del tema, apoyando a la Comisión Europea (lo ha hecho con esta última multa) y pidiendo que las autoridades americanas hagan lo mismo.

Creo que cada vez hay una mayor unanimidad en que la estrategia de plataforma que siguen estas empresas, asociado a su enorme tamaño, suponen un riesgo para los consumidores en cuanto a la falta de alternativas, y muy asociado a ello, un riesgo para su derecho a la privacidad en el mundo digital.

Las formas tradicionales de medir el abuso de posición dominante, precios, cuota de mercado, y sobre todo, el tiempo, no son útiles en esta nueva realidad que muta rápidamente. Si además vemos que incluso multas enormes no son más que migajas para estas empresas, las autoridades para la defensa de la competencia van a tener que actualizarse, y rápido.

@resbla

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