Cabify, Twain y las cobras

Lo bueno de citar a Mark Twain es que, además de tener mucho de dónde elegir gracias a su frases llenas de inteligente ironía, estas están muy bien documentadas (a diferencia de muchas supuestas citas que se repiten sin parar).

Y aunque hoy no exageraremos sobre la muerte de nadie, utilizaremos otra cita suya para hablar de lo que está pasando con Cabify en Barcelona en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

La cita de Twain a la que nos referimos, aparece en un capítulo de su autobiografía publicado en Mayo de 1907. Se anticipó varias décadas a lo que de forma académica se denominó Efecto Cobra por el economista Horst Siebert, y la cita se refiere a una anécdota con su mujer, Mrs. Clemens (en realidad Twain era un pseudónimo y su verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens) y sus hijos.

Cualquier gobierno le hubiera dicho que la mejor manera de aumentar la población de lobos en Estados Unidos, de conejos en Australia o la de serpientes en la India, es pagar una recompensa por sus cabelleras“. (Any Government could have told her that the best way to increase wolves in America, rabbits in Australia, and snakes in India, is to pay a bounty on their scalps. Then every patriot goes to raising them. “

Twain describía cómo sus hijos hicieron lo mismo que habían hecho los hindúes durante la época de la colonización británica. Y es que en un momento dado hubo una plaga de cobras venenosas con muchos ataques y el gobernador decidió ofrecer una recompensa por cada cobra muerta.

La medida consiguió hacer disminuir rápidamente la población de cobras, pero a medida que fueron escaseando las cobras vivas, los emprendedores de Delhi enseguida se lanzaron a criarlas para poder seguir cobrando fácilmente el dinero de las recompensas.

Una vez el gobernador se dio cuenta, retiró rápidamente la recompensa, y por supuesto, en cuanto las cobras ya no valieron nada, los criadores las soltaron y el problema pasó a ser peor que inicialmente.

En España decimos que hecha la ley hecha la trampa, y nos acordamos siempre del Lazarillo de Tormes. Pero la realidad, es que buscarle las vueltas a la ley es una tradición internacional. De hecho esto del efecto cobra ha pasado con lobos, conejos, ratas y demás alimañas en países de todo el mundo.

Así que si alguien se ha sorprendido con lo que ha pasado con Cabify, probablemente peca de ingenuo.

Cómo bien sabéis, la Generalitat de Catalunya aprobó un reglamento hace unas semanas que intentaba solucionar el conflicto del taxi con una serie de normas pensadas para limitar mucho la operación de las VTCs. La regla que intentaba ser definitiva contra las VTCS, y que en un principio hizo que tanto Uber como Cabify anunciaran que dejaban de operar en Barcelona, era que debe existir un tiempo de precontratación mínima para las VTCs, 15 minutos.

Pues bien, hace unos días Cabify anunció que volvía a operar a Barcelona con una lectura interesante de la norma. Según esa lectura, el usuario realiza una contratación con Cabify de sus servicios de forma indefinida. En vez de hacerlo cada vez que solicita el coche, el usuario firma el acuerdo con el primer uso, y por lo tanto, esos 15 minutos sólo aplican a esa primera vez.

No soy abogado, así que no me atrevo a decir quién tiene razón. Pero lo que ha hecho Cabify es algo tan viejo como la primera ley. Cabify, por cierto, nuestro primer y único unicornio español.

Si las grandes empresas se gastan un dineral en lobistas que les ayuden a adaptar las leyes a sus intereses, las startups hackean las leyes para poder crecer lo más rápido y barato posible.

La lista de unicornios que han estirado las costuras de las leyes es casi tan larga como la de propios unicornios. Uber, AirBnB, Bird, Lime… Todos sus inversores sabían que iban a gastarse mucho dinero en abogados y en multas. Pero la realidad, es que a pesar de todo, hay coches de Uber, pisos de AirBnb y patinetes electrícos de Bird y Lime en casi todas las grandes ciudades del mundo.

De esto del Hacking Legal hablaré más en el Manual para Disruptores porque es una herramienta muy importante en las disrupciones, pero sí que me gustaría hablar un poco más utilizando este ejemplo con Cabify.

El objetivo del hacking legal es obviamente conseguir un crecimiento rápido de la startup, pero también, el conseguir un marco legal que permita el modelo de negocio de la startup.

En esta estrategia, primero hay que operar por debajo del radar lo más posible. También hay que forzar la ley al máximo posible. La idea es forzar sin generar inconvenientes al público general, pero que los potenciales perjuicios sean para empresas o AAPPs. El objetivo de todo esto es conseguir que la situación final acabe en un punto intermedio mejor que la situación de la que se partía.

Pero obviamente esto no es suficiente porque por mucho dinero que tengas para abogados. The Clash lo tenía claro, contra la Ley se pierde. Sin embargo, otra cosa es que otros luchen contra la Ley por ti. La mejor defensa es tener tantos clientes tan fans de tu producto que consigan generar una opinión pública positiva ante ese hacking legal.

Una empresa que se embarque en una estrategia de hacking legal sabe que ya casi lo tiene ganado cuando esos fans consiguen generar en la opinión pública una sensación de que las leyes existentes son injustas y que esos hackers legales son poco menos que unos luchadores por la libertad.

Porque al final, los legisladores pueden aguantar casi cualquier cosa menos la presión de la opinión pública. Antes o después, y ante algo que ya tenga masa crítica, las normas se adaptaran para reconocer la nueva realidad, y aunque el hacker no consiga un reconocimiento pleno, cualquier punto intermedio es una gran victoria frente al punto de partida.

Cabify habla de que en el primer día de su vuelta, 50000 personas habían aceptado los nuevos términos y condiciones de su servicio en Barcelona. Va a ser difícil no escuchar a tantos fans.

@resbla

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