Game Over Uber

No son buenos tiempos para Uber. La empresa que parecía imparable, lleva acumulando reveses y perdiendo dinero cómo si no hubiera un mañana. Las noticias que vienen de California no pueden ser peores para la compañía. Personalmente, creo que es casi imposible que pueda sobreponerse.

De esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

La semana pasada, California aprobó la llamada Assembly Bill 5. Esta ley, establece que independientemente de la forma de contratación, «se considerará empleados y no autónomos a las personas que presten servicios para una empresa, salvo que esta demuestre que» la persona tiene total autonomía en cuanto a la prestación del servicio.

La ley ha sido expresamente diseñada para las plataformas de «economía bajo demanda» (gig economy) como Uber, Lyft, aunque afectará a otras cómo los equivalentes en California a Deliveroo o Glovo.

Se estima que sólo en California, esta ley costará a Uber 500 millones de dólares al año, y si se extendiera a todo el mundo, sus costes aumentarían en un 20%. Y ese es el problema, es muy probable que otros estados y países sigan los pasos de California.

Uber se ha defendido diciendo que sus conductores no son «parte central» de su negocio, que es una de las excepciones que contempla la ley. En esa línea de argumentación, consideran que son una empresa de tecnología y no de transporte, así que sus conductores son accesorios. Este argumento lo han utilizado bastantes veces antes, y cómo vimos con WeWork, se está poniendo de moda.

Esta es una muy mala noticia que se une a una larga serie que coloca en una posición crítica a Uber.

Hace tres años, Uber declaró su rendición ante Didi Chuxing y abandonó China después de perder mucho dinero. De hecho, de aquella, cuando sus pérdidas eran «sólo» de 1200 millones en 6 meses, la culpa era de su negocio allí. Dejar China se supondría que mejoraría sus cuentas.

Cómo efectivamente Uber ve en sus conductores un problema y algo accesorio, lleva desde tiempo intentando acelerar el desarrollo de sus vehículos autónomos. También ahí ha sufrido reveses importantes y la historia viene de lejos pero tiene noticias recientes. Hace pocos días han acusado formalmente de espionaje industrial a un ingeniero que Uber fichó de Google para liderar el desarrollo de coches autónomos. Hace más de dos años, Uber y Google resolvieron el caso entre ellos con un pago de 250 millones además de dejar de utilizar la tecnología «robada», y aunque de momento Uber no está en la causa… veremos.

Y luego está claro, los terribles resultados financieros. Obligados por haber salido a bolsa, Uber ahora tiene que publicar resultados trimestralmente. En Q2 de este año perdieron la friolera de 5200 millones de dólares. Cierto es que una gran parte de esas pérdidas tienen que ver con su salida a bolsa, pero aún descontando eso, perdieron 1300 millones de dólares, un 30% que en Q1. La acción ha perdido un 25% del valor desde que salió a bolsa.

Es interesante que todo esto ocurra justo días después de que una organización llamada Business Roundtable en la que están como socios CEOs de grandes empresas de EEUU, publicara un manifiesto en el que declaran que el objetivo final de una empresa no debe ser únicamente el de maximizar el valor para sus accionistas. Esto entronca con la visión del «shared value» de Porter y se aleja definitivamente de la visión predominante durante la segunda mitad del sXX sobre el tema de Friedman.

Desde el punto de vista del «valor compartido«, Uber está haciendo un pésimo trabajo, aunque, si me permitís el chiste fácil, en realidad tienen también una excusa muy buena. Ellos no están generando valor para sus accionistas, lo están destrozando

Pero más allá del chascarrillo, creo que esto merece una profunda reflexión. En su artículo sobre el tema, Noah Smith dice: «La verdad es que cualquier negocio que sólo pueda permanecer a flote dando a sus trabajadores peores beneficios que Walmart o McDonald’s probablemente no tenía ningún futuro».

Pero es más. Recordad lo que decía Clarke sobre la tecnología, que las tecnologías avanzadas son indistinguibles de la magia.

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Así que una empresa que se quiere definir cómo tecnología debería estar haciendo magia para sus usuarios, pero también para sus empleados. Y sinceramente, parece que Uber está muy lejos de eso. Ya no es sólo que paguen poco, sino que además, las condiciones son bastante alienantes.

Cómo sociedad, a estas alturas de sXXI, no parece interesante que haya empresas que funcionen gracias a empobrecer a sus trabajadores para ser más competitivos. Es más, Uber sólo sigue funciona porque además de explotar a sus trabajadores tienen que perder 5200 millones por trimestre. Es negativo para todos, pero también imposible que esto perdure en el tiempo, Game Over Uber.

@resbla

PD: Que conste que en este blog hemos utilizado a Uber cómo ejemplo de disrupción

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