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AirBnb, los ganadores del COVID

Estamos en tiempos de utilizar y abusar de palabras como resiliencia, agilidad, pivotar, pero una cosa es decirlo, y otra es hacerlo. AirBnb lleva muchos años siendo ejemplo de una empresa que disrumpe una industria utilizando un modelo de negocio de plataforma, pero a partir de ahora será un ejemplo de como reinventarse en una crisis que era una tormenta perfecta para su modelo de negocio y conseguir salir de ella.

De todo esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2020/11/airbnb-ipo.mp3?_=1

 

Tengo que hacer una aclaración antes de empezar. No he utilizado airbnb nunca. Ni como inquilino, ni como arrendador. Y aclaro esto porque airbnb se ha ido convirtiendo en un tema que genera opiniones muy extremas.

Si cuando nació, era el summum de la modernez. El tema fue mutando hasta convertirse en la bicha culpable de todos los males que asolan las grandes ciudades. Turismo low-cost, precios de alquiler altísimos y masificación.

Parece que nadie se acordaba de que el alquiler vacacional no lo inventó airbnb, o de que mientras se incentivaba que los aeropuertos recibieran más viajeros y se subvencionaba a las compañías de bajo coste para que volaran a aeropuertos secundarios se limitaban las plazas hoteleras en las ciudades receptoras de turistas. Por no hablar de que muchos de los que se iban de fin de semana en una low-cost a Londres o París y se alojaban en airbnb, luego volvían a su ciudad y se manifestaban contra la gentrificación.

El fenómeno de la gentrificación (término que me gusta poco por otro lado), es tan complejo, y se utiliza para definir procesos tan diferentes, que no tiene una explicación sencilla. Sin embargo, muchos han elegido la explicación sencilla de que la culpa de todo la tiene airbnb.

Y sin duda que tiene parte de responsabilidad. Airbnb ha sido una de las empresas que ha utilizado eso que se ha llamado legal hacking para explotar las zonas grises en las normativas de las ciudades y países para operar. Además, ha utilizado el lobby de una forma muy importante a ambos lados del Atlántico.

En todo caso, el que airbnb se convirtiera en la madre de todos los procesos de gentrificación de las grandes ciudades del mundo se convirtió en su primer gran obstáculo ya que hizo que muchas ciudades establecieran normativas muy estrictas para el alquiler vacacional.

En todo caso, contrario a lo que mucha gente pueda pensar, en realidad estos cambios normativos lo único que hacen es fijar la posición de los líderes iniciales en este negocio. Para Airbnb, todas estas normas no son más que barreras de entrada para futuros competidores. Así que aunque por un lado les limita el potencial negocio en cada ciudad, las trabas administrativas son costes más altos de operación, asumibles y muy familiares para AirBnb, pero complejos e inasequibles de arranque para otros. Así que en ese escenario, las cosas no iban mal para airbnb y los rumores de una OPV se dispararon.

Pero llegó el COVID, y el turismo simplemente se evaporó. De hecho, en los primeros meses de la primera ola, las cancelaciones llegaron hasta el 96% en línea con el resto de la industria del turismo. Esto obligó a airbnb a hacer unos ajustes de gastos drásticos, incluyendo una reducción de plantilla del 25%.

Y aquí empiezan algunas diferencias fundamentales en cómo airbnb ha afrontado esta crisis. Si en casos similares, las empresas suelen poner algún programa de recolocación para los empleados afectados y sus CEOs suelen compartir mensajes de apoyo, airbnb fue un paso más allá.

Brian Chesky puso este tweet en el que ofrecía su correo electrónico para recibir ofertas para sus exempleados además de compartir la carta en la que explicaba la situación. Sin duda, un gesto, pero un gesto muy potente.

En la carta, también se daban detalles muy interesantes sobre como se había desarrollado el proceso, además de los beneficios que recibirían las personas afectadas, algunos tan curiosos, como que podrían quedarse el portátil con el que habían estado trabajando. Un ejemplo de transparencia y de compasión que seguro que valoraron los afectados, pero sobre todo, los que seguían siendo empleados de airbnb.

AirBnb también creó una página web para dar visibilidad a los exempleados en su búsqueda de nuevas oportunidades, algo que sin duda es algo pocas veces visto antes, y además reconvirtieron parte del equipo de reclutamiento de la compañía a un equipo de soporte a los excompañeros a tiempo completo.

Pero sólo esto no sería suficiente para salir más fuertes de una crisis así. Sin embargo, AirBnb anticipó dos oportunidades que el COVID iba a generar durante la pandemia, pero que probablemente perduren en el tiempo.

Con medio mundo cerrado, las largas vacaciones internacionales no son opción. Pero las escapadas de pocos días cercanas a entornos rurales iban a ser muy demandadas. Y no se equivocaron.

La otra tendencia que identificaron es que los viajeros por trabajo preferirían evitar las aglomeraciones en los hoteles y preferirían alojamientos individuales cercanos al objetivo de su visita. Para eso reforzaron su oferta de “for work” e intentaron que los alojamientos se adaptaran a servicios demandados por este tipo de viajeros.

Todo esto (y más cosas) lo hicieron manteniendo eso que se dice mucho en presentaciones de consultores, manteniendo una actitud de startup. Haciendo experimentos cortos y baratos, aprendiendo de ellos, implementando cambios e iterando.

El resultado es algo que parece increíble en esta situación de COVID, han vuelto a niveles similares de negocio al que tenían antes de que todo esto empezara. Y todo ello, después de unos meses terribles. Su trimestre que acaba en Septiembre está en línea de lo que fue en 2018 y vuelve a dar beneficios parecidos a los que dio el año pasado.

 

Estos son los números que han presentado en su solicitud de salida a bolsa que ocurrirá en las próximas semanas. Se espera que en esa salida alcance unos 30000 millones de dólares de valoración, la cual sería muy cercana a la máxima que llegó a tener y daría una buena alegría a sus inversores.

Y aunque todo parecen buenas noticias, la realidad es que la compañía cita unos importantes riesgos que pueden impedir que sea rentable a medio plazo. Más allá de los obvios en cuanto a competencia y cambios regulatorios, sorprende la importancia que da Airbnb a la competencia “soterrada” que le está haciendo Google, a la que acusa veladamente de estar favoreciendo los resultados de sus recién lanzados Google Travel y Google Vacation Rental Ads.

Hay que recordar que Google ha sido demandada en EEUU por el Departamento de Justicia por prácticas monopolísticas, y que no es descartable que en la Unión Europea haya otra que se añada a la que llevó a la mayor multa de la historia hace un par de años, precisamente por cuestiones similares a las que relata AirBnb.

Con todas sus luces y sus sombras, AirBnb será un caso de estudio de como gestionar una crisis como la del COVID.

@resbla

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Es el momento del realismo en cuanto al reconocimiento facial

A poco que hayas leído un poco este blog, te habrás dado cuenta de que el reconocimiento facial es una tecnología con la que no me siento muy cómodo. Y no soy el único, suele ser protagonista en muchas visiones distópicas del futuro.

Sin embargo, creo que es el momento de un ejercicio de realismo en cuanto al reconocimiento facial, sobre todo, antes de que ya no se le pueda poner límites.

De todo esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2020/11/reconocimiento-facial.mp3?_=2

 

La crisis del COVID ha sido la excusa para extender los sistemas de reconocimiento facial en muchos países. China no lo necesitaba puesto que ya tenía un sistema extensísimo, pero otros países con valores democráticos distraídos como Rusia, han aprovechado para extender estos sistemas para “velar mejor” por la seguridad de sus ciudadanos.

Moscú puso en funcionamiento justo al inicio de la crisis un enorme sistema de seguridad con reconocimiento facial con la excusa de poder monitorizar mejor el cumplimiento de las cuarentenas. Al poco tiempo, empezaron a surgir ofertas de personas que decían que podían acceder al sistema y por poco dinero, localizar información sobre la persona que quisieras.

Eso hizo una activista. Pagó algo menos de 200€, entregó una fotografía de la persona sobre la que quería información, y a los pocos días recibió una lista con todos los lugares a los que esa persona había ido en el último mes.

Justo antes del COVID, el reconocimiento facial había sido puesto en cuestión en la mayoría de las democracias occidentales.

En EEUU, varias ciudades prohibieron directamente su uso. En ciudades como San Francisco, Boston o Portland, ningún estamento público puede utilizar la tecnología después de que fueran evidentes algunos de los problemas más serios que tiene este tipo de tecnología, como los enormes sesgos raciales.

Precisamente estos problemas hicieron que grandes empresas como Microsoft, IBM o Amazon anunciaran que no venderían este tipo de tecnologías a fuerzas de seguridad en EEUU.

A este lado del Atlántico, la Unión Europea sopesó una moratoria de 5 años en su uso, que finalmente no confirmó. Aunque ahora parece que se está volviendo a evaluar. Eso sí, estamos lejos de una legislación homogénea en la Unión Europea y la situación es bastante diferente país a país.

 

 

En España, no hay una legislación específica y su uso se enmarca dentro de lo que dice la GDPR. Esto hace que sea muy difícil utilizar técnicas de reconocimiento facial en la vía pública, pero relativamente sencillo hacerlo en entornos privados.

Y es ahí dónde el reconocimiento facial va poco a poco haciéndose más omnipresente. De hecho, el COVID está convirtiéndola en más aceptable para el gran público. Todo lo que ahora nos permita acceder a sitios o poner en marcha cosas sin tocarlas ahora es no sólo aceptable, sino deseable. Apertura de puertas, activar dispositivos, pago “por la cara”, cada vez nos parece más normal, y eso lleva implícito que empresas de todo tipo tengan acceso a nuestros datos biométricos.

Esto podría dar para un interesante debate sobre si es más seguro que una aerolínea tenga mis datos biométricos para permitirme subir al avión, o que la policía de un país como España tenga acceso a los de todos los ciudadanos. Pero lo dejaremos para otro día.

Personalmente, y no quiero sonar muy dramático, creo que estamos a punto de pasar el punto de no retorno en cuanto al uso masivo del reconocimiento facial. Pero al mismo tiempo, es ya muy tarde para pararlo. En realidad puede que sea el momento de hacer un ejercicio de realismo y fijar verdaderas líneas rojas en cuanto a su uso.

Es indiscutible que la nueva realidad hará que la percepción general de la tecnología cambie radicalmente. Ya hemos hablado de cómo nos estamos familiarizando en entornos privados o incluso con nuestros teléfonos móviles. Además el COVID hará que muchos consideren que hay que sacrificar privacidad por seguridad.

Además, las empresas de los países dónde se ha utilizado ya de forma masiva la tecnología han conseguido una ventaja que será difícil de cerrar. China es el líder tecnológico indiscutible en reconocimiento facial.

Así que si vamos hacia un mundo tolerante con esta tecnología, debemos ponernos de acuerdo lo antes posible en las líneas rojas. Si no se hace ahora, es probable que todo esto evolucione hasta un punto insoportable del que sería muy difícil volver. Y mucha de la solución a como poner estas líneas rojas, vendrá de la propia tecnología.

De la misma forma que no se pueden escanear o fotocopiar billetes de banco por sistemas de seguridad integrados en las impresoras y software de edición de imágenes, se podrían establecer límites en el diseño de los sistemas en cuanto a qué pueden reconocer las máquina y qué no.

También gracias al edge computing, se pueden diseñar sistemas de reconocimiento facial cuya información más sensible sólo salga de la cámara en determinadas y muy concretas circunstancias, desapareciendo el resto sin posibilidad de recuperación.

De esta misma forma, sistemas que sólo busquen de forma activa, por ejemplo bajo un claro y estricto mandato judicial, frente a sistemas que acumulen información de forma masiva. Algo equivalente a lo que son las escuchas por orden judicial frente a la vigilancia masiva de la NSA americana.

Lo que hay que evitar es que quien tenga capacidad para establecer sistemas de reconocimiento facial público caigan en un “síndrome de Diógenes digital” por el que acumulen datos y datos simplemente por el hecho de que se puede hacer y es muy barato almacenarlos.

Esta lista esta lejos de ser exhaustiva, y por supuesto, viene de alguien que no es experto en el tema. Pero simplemente son una reflexión que espero que sirva para el debate que debemos tener sobre este tema lo antes posible.

Precisamente ayer se presentaba el borrador de la Carta de Derechos Digitales del gobierno, y este tema se queda enterrado en términos genéricos sobre privacidad. Esperemos que cambie en versiones posteriores.

@resbla

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Biden y tecnología, ¿habrá cambios?

Parece que Biden será por fin presidente de los EEUU. Hay muchas esperanzas de que su presidencia sea muy diferente a la de Trump, y nos guste o no, lo que decida también nos afecta a este lado del Atlántico.

Trump ha sido un elefante en una cacharrería también en lo tecnológico. ¿Pero qué podemos esperar de Biden en este terreno?

De todo esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2020/11/biden.mp3?_=3

 

Sin duda, una de las herencias más envenenadas que le deja Trump a Biden es la Guerra Comercial con China. Guerra que es mundial y en la que también está metida la Unión Europea. Pero centrándonos en China, el daño está hecho.

Habría mucho que hablar sobre si Biden podrá dar marca atrás a todo lo que ha hecho Trump. Incluso si pudiera, es discutible que quiera ponerse en contra desde muy al principio en contra de los republicanos en algo con tantos tintes patrióticos. Por no hablar de que en todo esto ya están la mayoría de los países occidentales, que por ejemplo, han ido vetando a Huawei de sus infraestructuras 5G.

Pero sobre todo, yo creo que para China, el punto de no retorno pasó hace tiempo. China decidió no depender tecnológicamente de EEUU hace tiempo, y ha avanzado mucho en este camino. Tanto que seguramente se lo agradecerán eternamente a Trump.

Probablemente lo siguiente más importante que ha pasado durante la presidencia de Trump en relación con las grandes tecnológicas ha sido la investigación por el Congreso de posibles prácticas monopolísticas. Esto ya ha desembocado en una demanda que todo el mundo espera que sea la primera de varias. Precisamente hoy, la Comisión Europea anunció que había encontrado a Amazon culpable de prácticas de abuso de posición dominante y que abre una segunda investigación. Es muy probable que antes o después habrá algo en similares términos en EEUU.

En esto, no habrá cambios. Por un lado, el tema ya está judicializado y fuera de las manos del presidente. Por otro, los demócratas también se han mostrado muy preocupados por el poder de las grandes tecnológicas y apoyaron estas comisiones de forma muy activa. De hecho, hay colaboradores muy cercanos al presidente que son fervientes creyentes en que la mejor solución es romper las grandes tecnológicas en empresas más pequeñas.

Es también poco probable que Biden intente parar los esfuerzos que Trump hizo para la relocalización de industria tecnológica de vuelta a EEUU. Está ocurriendo en cierta medida de forma natural, en otra presionada por la situación de Guerra Comercial, y aunque hay enormes desastres en cómo Trump lo intentó, la opinión pública nunca le perdonaría a Biden que no siguiera intentándolo.

Sin embargo, sí que hay una cosa segura en la que Biden lo hará diferente y puede de hecho ayudar en este proceso de reshoring, y es el tema de los visados para trabajadores cualificados. No hay que olvidar que muchas empresas tecnológicas fueron fundadas, o están dirigidas, por inmigrantes, así que es algo en lo que estas empresas se han involucrado activamente.

Dónde en principio veremos más cambios, será en la actitud de Biden respecto a sus socios exteriores. Es seguro una cierta vuelta a la multilateralidad, de hecho, ya ha anunciado que una de sus primeras decisiones en política exterior y medioambiental será volver al Acuerdo de París.

Es probable que esto marque la tendencia en otros temas. Uno en los que Trump fue muy beligerante y Biden puede cambiar la situación, es en todo lo referente a la gobernanza de Internet. Pero no sólo eso, las decisiones de Trump han hecho que cada vez más, haya una internet diferente en EEUU a la del resto del mundo (si excluimos China y Rusia claro).

Esperemos que haya una mayor colaboración entre la Unión Europea y EEUU, armonizando temas en cuanto a privacidad, neutralidad en la red y ciberseguridad. La GDPR ya abrió fricciones entre la Unión Europea y Trump, esperemos que la nueva Ley de Servicios Digitales pueda abrir conversaciones para su homogeneización a ambos lados del Atlántico.

Quizá incluso Biden deje de ver como un ataque a EEUU las diferentes tasas que lleva estudiando la Unión Europea y sus estados miembros sobre las actividades de las empresas tecnológicas. Hasta ahora todo lo relacionado con este tema se veía como parte de la Guerra Comercial, quizá ahora Biden sea más receptivo a negociar sobre este tema.

La presidencia de Biden traerá muchos cambios en política internacional y en lo relativo a las tecnologías, casi todos a mejor. Sin embargo, si alguien espera cambios radicales, se equivoca.

@resbla