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Cuando dar liquidez a un mercado está feo, los ibuyer

Todos sabemos que el mercado inmobiliario es poco líquido, y en general, poco eficiente. Esto ocurre por la propia naturaleza de los bienes, las trabas burocráticas, pero también por la escasa información que tradicionalmente ha existido en el mercado.

Algunas startups llevan tiempo intentando eliminar fricciones en el mercado, primero mejorando la información disponible, y ahora con modelos de negocio innovadores (y arriesgados) para mejorar la liquidez. Sin embargo, parece que hay gente que piensa que esto es malo.

De todo esto hablamos en este technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2021/10/proptech.mp3?_=1

 

Cómo decíamos antes, el mercado inmobiliario siempre se ha considerado uno de los mercados con menos liquidez. Sus activos no se pueden mover (inmobiliario), suelen tener tiempos largos de venta, su venta tiene muchas trabas burocráticas, son grandes inversiones que exigen también respaldo financiero, y además es un mercado en el que la información no fluye libremente. Lo cual también le hace poco eficiente.

Además lo que se vende en el mercado inmobiliario está lejos de ser estándar lo cual añade más complicaciones. Con esas características, no es de extrañar que haya atraído a muchas startups para intentar solucionar estos puntos de fricción, empresas que se las engloba en la categoría de proptech.

Inicialmente, lo que podríamos llamar Primera Ola del proptech, vimos empresas que pasaron a hacer digitalmente lo que se había hecho tradicionalmente en el sector. Aquí vimos nacer las primeras startups que originalmente eran portales de compraventa inmobiliaria más o menos sofisticados. Un ejemplo de este tipo de empresas aquí en España sería idealista que se fundó en el año 2000.

En una Segunda Ola empezaron a aparecer muchos servicios digitales en todas las áreas del mercado inmobiliario, pero centrándonos en el tema de este post (y simplificando muchísimo), aquí vimos una explosión en startups que se dedicaban a generar (e intentar monetizar) datos de mercado. Para las que empezaron como portales inmobiliarios el paso era obvio, de hecho no es difícil oír a la gente de idealista hoy en día hablar de datos que de cualquier otra cosa. Pero también nacieron startups centradas en la visualización, o por supuesto en convertir esos datos en decisiones.

Y podríamos definir la Tercera Ola del proptech (en la actualidad) cómo aquella en la que a través de modelos de negocio innovadores para el sector y basándose en la Inteligencia Artificial y la cantidad de datos existentes, se lanzan a solucionar fricciones muy concretas del mercado. Para este post nos centraremos en aquellas que están intentando dar liquidez al mercado de compraventa, pero las hay en alquiler, servicios profesionales, etc… En esta Tercera Ola, muchas empresas han intentado ser los que hagan parte del proceso que de otra forma lo harían los usuarios para conseguir eficiencias.

En principio, parecería que este tipo de startups que intentan aportar soluciones que al final significan más liquidez y eficiencia a un mercado que no es ni una cosa ni otra deberían ser bienvenidas. En teoría, normalmente poca liquidez y eficiencia significa mayor precio.

En España empresas cómo idealista se han convertido en la bicha, objetivo de muchos por la situación del mercado. Cierto es que hace ya casi dos años la CNMC abrió un expediente sancionador a empresas del sector, incluyendo a idealista, pero seguimos sin noticias sobre qué ha pasado con ese expediente.

Lo que sí que ha pasado es que hay mucha gente que ha asumido el discurso de que idealista contribuye al alza de precios. Es habitual verlo en redes sociales, pero también en algunos medios de comunicación. El único argumento sólido que se suele encontrar es que la información de este tipo de portales es la que se suele utilizar para que nuevos oferentes fijen el precio, y que por lo tanto se genera una especie de bola que sube los precios.

Claro que el argumento funciona también se podría haber utilizado cuando se desplomaron los precios de alquiler durante la crisis, pero es que además refuerza la idea de que aún hacen falta más datos para mejorar la eficiencia del mercado. Pero personalmente creo que es cómo acusar a la AEMET de que llueve mucho.

En EEUU están viviendo algo parecido. El precio de la vivienda allí, sólo este año, ha crecido un 20%. Y allí, han surgido unas cuantas empresas (algunas que han evolucionado de ser portales inmobiliarios) que se dedican a un modelo de negocio innovador (y arriesgado) en el sector.

Teniendo en cuenta la cantidad de datos que tienen y su confianza en que sus algoritmos de valoración de inmuebles, se dedican a hacer ofertas a la gente que quiere vender una casa, ofertas que son capaces de hacer firme en cuestión de días. Después, limpian y arreglan la vivienda, y la vuelven a poner en el mercado directamente. Este modelo de negocio lo llaman iBuyer (de instantáneo).

Este modelo de negocio tiene bastante riesgos y exige de un músculo financiero muy importante. Una de las más activas con este modelo, Zillow, tiene una capitalización de alrededor de 25000 millones de dólares.

Precisamente Zillow anunció la semana pasada que ponía en pausa su programa de iBuyer. La razón oficial es que son incapaces de encontrar la mano de obra necesaria para la limpieza y la reparación de las viviendas que compran. Sin embargo, otros creen ver el inicio del fin de la burbuja inmobiliaria en EEUU con este parón de Zillow.

La realidad, es que incluso con este mercado tremendamente alcista, no parece que los iBuyers estén ganando dinero, muy al contrario. Esto no ha evitado las críticas contra el modelo y las acusaciones de manipular el mercado. En EEUU, este vídeo de un agente inmobiliario se ha hecho viral.

En este artículo se entra en mucho detalle sobre la escala de las operaciones de Zillow respondiendo a ese vídeo. Este también es una lectura interesante para ver más puntos de vista (incluidos los comentarios).

En España tenemos algún ejemplo de iBuyer, pero su escala es muy pequeña cómo para tener la suficiente visibilidad para atraer críticas. Aunque estoy seguro que les podría caer un buen chaparrón.

No hay que ser un anarcocapitalista para pensar que cualquier cosa que ayude a que un mercado sea más líquido y eficiente son buenas noticias para el consumidor. Tiempos extraños los que vivimos en los que cualquier cosa asociada a mercado tiene enseguida connotaciones negativas.

@resbla

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El misticismo de los emprendedores sabelotodo

La mitología emprendedora siempre ha puesto en sus altares a los visionarios que lo sabían todo y no escuchaban a nadie. Ford tenía claro que la gente no sabía lo que quería, Jobs que los focus groups eran inútiles. Ellos tenían la verdad sobre el futuro. Estos últimos días me he estado divirtiendo mucho con La Granja de Clakson, en ella, un sabelotodo no deja de empezar negocios que en su cabeza tienen mucho sentido pero que acaban siendo ruinosos.

De todo esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2021/06/la-granja.mp3?_=2

Por si alguien no conoce La Granja de Clarkson

 

Clarkson es uno de los mejores exponentes de eso de que a los niños grandes les gustan los juguetes grandes, y en su caso, siempre caros. Para los que le hemos visto en programas como Top Gear, sabemos que es una persona que se forma opiniones muy rápido, con poca información y con mucha seguridad. Alguien muy seguro de sí mismo.

Y eso es lo que vemos en la serie desde el principio. Clarkson tiene que encargarse de la gestión de su granja después de la jubilación de la persona que se la cuidaba, y sabe exactamente lo que hay que hacer desde el principio.

Da igual que no sepa casi nada de agricultura, que no tenga la maquinaria adecuada, ni siquiera las personas necesarias. Desde el principio se pone a los mandos sin escuchar a nadie, y por si tuviera pocas cosas de qué preocuparse, se embarca en nuevos negocios para la granja. Y todo esto, a pesar de la pandemia.

Por supuesto, lo primero que se compra es un tractor de la marca Lamborghini, el cual ni siquiera le cabe en el almacén, y los negocios que empieza son todos una ruina. Pero no seguiremos destripando la serie, esto no es un blog de series de televisión. Pero sin duda es una serie recomendable para los fans de Clarkson, pero también muy recomendable para emprendedores. No porque aprenderán qué hacer, sino porque aprenderán qué no hacer.

De una forma o de otra, al cabo del año veo varias decenas de proyectos, y me sigue sorprendiendo aún lo poco que dudan sus promotores. Además, de lo que casi nunca dudan es del producto o servicio que van a desarrollar. Da igual que no tengan el modelo de negocio definido, o incluso el cliente claro, la gran mayoría ya tienen una visión clara de su producto.

Soy poco talibán de las metodologías. Creo que @yoemprendo lo resumió muy bien con «quién vende metodologías no entiende de metáforas«. Pero a veces quizá habría que ponerse un poco más serio con ellas. Demasiadas veces me encuentro con emprendedores que utilizan todos los términos de las metodologías típicas de emprendimiento, pero que claramente no saben aplicarlos.

Uno de ellos es MVP. La gran mayoría de los emprendedores siguen el mismo camino que sigue Clarkson en su serie, se compran un Lamborghini, construyen grandes graneros, compran animales, y cuando lo tienen, empiezan a intentar que aquello funcione, y sobre todo, se ponen a vender después de hacer todo esto.

Además, muchos de ellos hacen lo que Clarkson. Ante ideas que podrían ayudarle pero que le desvían de su camino ya decido, responden que todo eso está muy bien, pero que va a seguir haciendo lo que estaba haciendo.

En las últimas semanas me he encontrado con unos cuantos proyectos que están ya metidos en una importante harina de desarrollo de producto para lo que en su mente es un MVP. Y casi ninguno, ha hecho experimentos (baratos) para validar su propuesta de valor. De hecho, cuando con algunos he hablado del concepto de Mago de Oz, me han mirado raro cómo si les estuviera invitando a engañar a sus clientes.

Al final de uno de los capítulos de la serie, Clarkson reconoce lo ruinoso de uno de los negocios que decide empezar. Pero dice que a pesar de haber perdido mucho dinero, nunca fue más feliz. Ayuda sin duda que Clarkson es multimillonario.

Hace ya unos años escribimos «Nunca te fíes de un economista que no dude«. Y aunque la mística del emprendimiento nos diga lo contrario, deberíamos desconfiar de un emprendedor que no dude. Hay mucho que aprender de los errores, pero hay errores que se deben evitar.

@resbla

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España no es país de emprendedores, ni de I+D+i, ¿casualidad?

Llevamos tiempo hablando sobre la burbuja emprendedora (conversación en la que he participado activamente) y parecería que esa burbuja tendría que verse reflejada de diferentes maneras en el mundo real.

Sin embargo, dos estudios muy diferentes sobre temas que en principio no tienen que ver (al final de este post haré una hipótesis a la contra), nos hacen ver que si la burbuja existe, no parece que se esté trasladando al «mundo real».

De esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2019/06/emprendedores.mp3

Empecemos por el que se publicó primero. Hace unas semanas, Universum, una consultora centrada en el mundo de las relaciones universidad-empresa, publicó un estudio sobre las aspiraciones laborales de los universitarios españoles.

No he sido capaz de encontrar el estudio original, pero este artículo de CincoDías lo recoge y este gráfico lo resume muy bien.

A bote pronto vemos que los universitarios españoles quieren mayoritariamente trabajar para una multinacional. La segunda conclusión aparente es que para determinados estudios, ser funcionario es la opción preferida.

Pero el bombazo para los que llevamos hablando sobre la burbuja emprendedora es ver los datos pírricos sobre el mundo del emprendimiento. No sé qué es más deprimente, si los números tan bajos que recibe la opción de trabajar en una startup, o que precisamente el emprender sea la última opción para los universitarios españoles. Ni siquiera los que estudian Ciencias Empresariales son los que más ganas tienen de emprender…

Pero ahí no se acaba la historia, estos datos han ido a la baja respecto a anteriores olas de este estudio. El emprendimiento cotiza a la baja entre los universitarios españoles.

España nunca ha sido país de emprendedores. Somos un país muy averso al riesgo (aunque no encuentro datos que digan que lo somos especialmente) y eso se nota en la falta de ganas para emprender. Pero los que estamos muy metidos en la «escena del emprendimiento», al menos personalmente, quería pensar que las cosas están cambiando.

Se han generado programas de apoyo al emprendimiento desde AAPP, organizaciones privadas y empresas. Hay un cada vez mejor ecosistema de inversores que era impensable hace 10 años. Hay ya un grupo de emprendedores que han tenido éxito y que se convierten en emprendedores e inversores «en serie».

Todo esto debería haber redundado en mejores habilidades emprendedoras entre los jóvenes, y sobre todo, en un mayor interés en el emprendimiento, pero está claro que no es así. Pero me pregunto, ¿nos sorprendemos?

La realidad es que mucho del esfuerzo que se ha hecho para fomentar el emprendimiento se hizo durante los peores años de la crisis. Y si lo pensamos fríamente, cuando se decía emprendimiento se quería decir autoempleo.

Además, si se ha facilitado algo (habría mucho que discutir en esta afirmación), se ha hecho en la puesta en marcha. El hacer crecer una startup y convertirla en una scaleup es un campo de minas y poco se ha hecho para limpiarlo.

Pero es que además, no hay nada más precario que ser un empleado en una startup. Sueldos míseros, horarios interminables, eso sí, con «salarios emocionales» enormes.

He estado en conversaciones entre inversores en las que se trataban temas de sueldos en una startup que daban vergüenza ajena. Durante demasiado tiempo se ha asumido que, seas socio o no, trabajar en una startup significa renunciar a parte (si no todo) del sueldo. Hay mucho «inversor profesional» que piensa que hay que es obligatorio pasar hambre para esforzarse lo necesario para sacar adelante una startup.

La teoría económica nos dice que riesgo y retorno van de la mano. De esta manera alguien que asume un riesgo alto (como trabajar en una startup) debería poder acceder a un retorno alto.

Como las startups, de lo que suelen tener menos, es dinero, se suelen compensar esos sueldos más bajos (se habla de un 20-30% en EEUU) con participaciones en beneficios a través normalmente de stock options.

Sin embargo en España, con la tributación tan tremenda que hay sobre las stock options, se ha optado (si acaso) por las phantom stock. Cómo su propio nombre indica, es una forma muy opaca de hacer las cosas, y que por cómo se implementa, suele limitar el beneficio que sus «dueños» pueden conseguir.

Además a esto se añaden dos cosas. Por un lado, tenemos (esperemos que vaya cambiando) una situación en la que hay pocos exits y además de poco volumen. Esto hace que poca gente haya compensado los sueldos bajos que han sufrido durante muchos años.

Y por otro lado, cobrar un 20-30% menos en una startup que en una gran empresa es ciencia ficción por aquí. Seguimos con la mentalidad de la crisis en la que casi se ve el trabajar en una startup como una gran oportunidad para aprender.

Así que no, no me sorprende nada que los jóvenes universitarios no quieran tocar el mundo del emprendimiento ni con un palo.

Y ahora vayamos al informe anual de COTEC sobre el estado del I+D+i en España que publicaron esta semana. En realidad, este informe, junto con cualquier otro que analice este tema, llega siempre a las mismas conclusiones. Invertimos poco (y mal).

Siempre se habla mucho del presupuesto que se destina al I+D+i desde los Presupuestos Generales. Y efectivamente es bajo y ha sufrido mucho desde los años felices precrisis.

Pero el verdadero drama del I+D+i español está en la empresa privada, y no se habla mucho de ello.

Estos datos suelen fomentar discusiones bizantinas sobre si son galgos o podencos. En la parte privada, que si el pequeño tamaño de las empresas españolas (acordaros de lo que decíamos antes de las scaleups), que si no hay suficientes ayudas públicas, que si los impuestos, que si falta de talento

Pero, y aquí viene mi hipótesis, si los jóvenes españoles no quieren ser emprendedores, ¿querrán ser intraemprendedores? Es decir, si consiguen su ansiado trabajo en una gran empresa huyendo del mundo del emprendimiento, ¿van entonces a convertirse en vectores de innovación dentro de su organización?

Personalmente, creo que no. La palabra intraemprendedor está de moda, y lo está porque nos estamos dando cuenta de que innovar en una startup o en una gran empresa necesita de unas personas que suelen tener unas aptitudes y unas habilidades similares.

Empresas, grandes y pequeñas, que no tengan intraemprendedores en sus equipos es difícil que tengan el I+D+i en su agenda de prioridades.

Olviden las discusiones bizantinas sobre el I+D+i, mientras no cambiemos la percepción de lo que significa «emprender» en España en general, pero entre los jóvenes en particular, va a ser difícil que dejemos el vagón de cola.

Sin emprendedores no hay intraemprendedores.

@resbla

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