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La rebelión peatonal contra los patinetes

Los patinetes eléctricos, y la micromovilidad en general, venían a hacer las ciudades más amigables y sostenibles. Sin embargo, además de que siguen sin conseguir ser negocios rentables, hay mucha gente cabreada con su presencia en las ciudades, tanto cómo para echarlos o limitarlos de forma importante.

De todo esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2021/11/patinetes.mp3?_=1

 

Hace ya casi dos años escribimos que la micromovilidad no era un (buen) negocio. Por supuesto la pandemia no ha ayudado en todo esto y por el camino se han quedado muchos proyectos. De hecho, hemos visto algunas fotos bastante impactantes. Ya vimos en su momento los «cementerios de bicis» que las caídas de diferentes servicios de bicicletas compartidas en China habían dejado.

Pero más cerca, y más recientemente, hemos visto algo parecido en París con coches de un difunto servicio de carsharing francés, Autolib.

No hay muchas buenas noticias entre los resultados financieros de las empresas de micromovilidad y movilidad compartida. Sin embargo, hay ciertos brotes verdes centrados en las empresas especializadas en patinetes eléctricos.

Lime, la más grande en esto, lleva dos trimestres seguidos sin perder dinero por primera vez en la historia después de unos trimestres muy complicados y se prepara para salir a bolsa. La compañía cree que con lo peor de la pandemia ya pasado, y los ajustes tan duros que han hecho a sus operaciones, lo mejor está por venir.

Sin embargo, hay algo que probablemente pocos se hubieran atrevido a pronosticar. Se está produciendo una reacción muy negativa contra estos servicios en muchas ciudades del mundo. Los peatones se están rebelando contra ellos, y están incluso consiguiendo echarles de sus ciudades, o al menos, limitar mucho su uso.

Eso ha pasado en Miami. Hace muy pocos días, el ayuntamiento decidió acabar con el piloto de patinetes eléctricos compartidos que tenían desde hace 3 años citando cuestiones de seguridad. Sin embargo, sólo 10 días después, han vuelto a lanzar otro piloto. Esta vez de momento sólo hasta después de Navidades, cubriendo sólo ciertos barrios de la ciudad, obligando a usar casco y limitando la velocidad y los lugares dónde se puede aparcar.

Algo parecido ha pasado en París. Ante la escalada de accidentes provocados por los patinetes eléctricos, acaban de limitar la velocidad máxima de estos dispositivos en una grandísima parte de la ciudad a 10 km/h.

Aquí acabamos de estrenar una nueva normativa de la DGT que obliga a conductores de patinete a usar casco y circular por la calzada. Veremos si esto para el aumento de accidentes debido a estos vehículos. Difícil comparar peras con peras, pero si miramos aquí y aquí, podríamos decir que el número de accidentes en patinete eléctrico con víctimas (heridos) es del orden del 5% del total en Madrid.

Es una cierta paradoja que uno de los dispositivos con más potencial para solucionar problemas de movilidad y contaminación en las ciudades sea rechazado por aquellos a los que «venían a salvar». No cabe duda de que estamos en plena rampa de aprendizaje sobre cómo integrar este tipo de soluciones en nuestra vida, pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que si las empresas que gestionan estos servicios no son rentables, los patinetes eléctricos compartidos desaparecerán.

@resbla

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Cuervos 1 – Drones 0

Los cuervos son uno de los animales más inteligentes de la naturaleza. Probablemente por eso han tenido un papel protagonista en muchas obras de ciencia ficción en las que a veces se les da una inteligencia casi humana, e incluso han sido la última línea de defensa de la Tierra.

En Australia, han conseguido algo que ni los vecinos fueron capaces, parar el servicio de entrega a domicilio de Wing, una filial de Google.

De todo esto hablamos en este technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2021/09/wing.mp3?_=2

 

Wing es una empresa que se graduó de la factoría de moonshots (ahora X Development) de google y que opera servicios de paquetería a domicilio en Australia, EEUU y Finlandia. Concretamente en Australia llevan dos años en fase de pruebas en zonas suburbanas alrededor de Canberra.

Hace pocos día, un usuario grababa cómo llegaba el dron que traía su pedido a casa y ocurrió esto:

Resulta que los cuervos, además de inteligentes, son muy territoriales, y más cuando están en época de anidación cómo ocurre ahora en Australia. Coincide también que en zonas de Australia están de nuevo encerrados por la variante Delta del COVID, con lo que los pedidos a domicilio han crecido de una forma espectacular.

Sólo así se puede explicar que el envío en cuestión fuera un café. Cómo dijo el propio receptor del pedido, «sólo quería un café rápido sin tener que subirme al coche y ponerme la mascarilla». Vivimos tiempos extraños en los que pedimos café y nos lo trae un dron.

En previsión del revuelo que se iba a montar, la propia Wing ha decidido suspender operaciones hasta que analicen y tomen medidas para minimizar el impacto sobre la fauna salvaje local. Sin embargo, parece que el problema también lo tienen con los animales domésticos, poco sorprendente si vemos el ruido que hacen estos chismes.

Tanto que los perros se vuelven locos, pero también muy molestos para las personas. De hecho la NASA ya encontró hace años en un estudio que el ruido tan agudo de los drones es mucho más molesto para las personas que el ruido del tráfico. Los vecinos se han organizado contra los drones en una asociación llamada Bonython Against Drones que afirma que el 80% de los vecinos están en contra de su utilización.

La realidad es que hace unos meses las propias autoridades encontraron que este servicio sobrepasaba los límites de ruido de la zona, y ya avisaban de que el tono tan alto los hacen aún más noticiables. Wing respondió lanzando un nuevo modelo de dron menos ruidoso, aunque cómo se puede ver en el vídeo del ataque, está lejos de ser silencioso.

Pero finalmente han sido los cuervos quienes han parado, de momento temporalmente, el servicio de Wing en la zona. Veremos finalmente en qué queda esto, pero seguramente nadie en Wing nunca se imaginó que tendrían que pelear contra cuervos. Se vuelve a cumplir aquello de que todo el mundo tiene un plan hasta que le dan el primer puñetazo en la cara.

Casualmente, aquí muy cerquita de dónde vivo, se va a poner en marcha en fase piloto un servicio de reparto de comida a domicilio con un vehículo (terrestre) autónomo.

En realidad, es más una máquina de vending con ruedas que un servicio de reparto a domicilio. Goggo Cart empezará un piloto en una zona peatonal del centro de la ciudad y los clientes tendrán que ir acercándose al coche para recoger sus pedidos de comida de restaurantes locales que se irán recargando a lo largo del día.

En la Calle Real de Las Rozas Goggo no se tendrá que enfrentar a cuervos. Probablemente sus principales «enemigos» serán los perros tirando de sus dueños y niños pequeños corriendo. Otra cosa sería si cubrieran dónde yo vivo, por aquí son habituales los jabalíes, zorros, buitres y algunas rapaces. En todo caso, será interesante ver cómo se comporta.

Creo que es razonable pensar que estamos a las puertas del lanzamiento de un montón de nuevos servicios de entrega con vehículos autónomos. Sin embargo, es poco probable que vivamos algo similar al patinetegedón de vehículos autónomos reparto por mucho que algunos es probable que quisieran seguir el mismo camino.

Hay sin duda unos enormes beneficios potenciales en la utilización de vehículos autónomos para el reparto de mercancías, tanto para sus promotoras cómo para la sociedad en general. Sin embargo, cómo han descubierto los australianos, también hay una serie de externalidades negativas que en algunos casos no son obvias. Esperemos que encontremos pronto el equilibrio adecuado entre legislación que limite el impacto de las externalidades negativas sin restringir la innovación.

@resbla

 

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La micromovilidad no es negocio

Llevamos varias semanas de continuas malas noticias en el sector de la micromovilidad. Da igual que sean patinetes, bicicletas, motos o coches compartidos, todas las empresas del sector lo están pasando mal.

La mayoría de ellas son startups, y sus inversores se están cansando de inyectar dinero a lo que ahora mismo parece un pozo sin fondo. Y por supuesto, Softbank está en algunas de ellas.

De todo esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2020/01/micromovilidad.mp3?_=3

 

El sector de la micromovilidad ha sido un raro caso en el que inversores, público y políticos han estado de acuerdo en sus beneficios para la sociedad, y concretamente, para las ciudades.

Cierto es que ha habido diferencias importantes en cuanto a la opinión sobre quién y cómo debería gestionarlo, pero en general, existe consenso en que la micromovilidad será una parte importante del transporte urbano en el futuro próximo desplazando al vehículo privado.

A nivel de inversión de capital riesgo, la micromovilidad ha sido una locura sin precedentes y nos ha generado el unicornio más rápido de la historia. Bird lo consiguió en poco más de un año después de su fundación.

El negocio se espera que sea enorme…

Pero el problema es el negocio actual. Más allá de las continuas y abultadísimas pérdidas de Uber y Lyft y que cada vez parece más difícil que vayan a ser capaces de dar la vuelta. Por cierto, tanto uno cómo otro tienen también servicios de patinetes y bicicletas. Uber a través de la compra de Jump, y Lyft con un servicio que también ha recortado de forma importante recientemente.

Hablando de bicicletas, todos hemos visto las pilas de bicicletas que la increíble caída de las startups chinas de bicicletas compartidas han dejado por todo el mundo, aunque muy especialmente en China. De las más grandes, Mobike sigue operativa, pero Ofo dejó una bancarrota catastrófica.

Pero las cosas no van mejor para las empresas de carsharing. Hace pocas semanas, la filial de Car2Go en EEUU anunciaba que cesaba operaciones en todo norteamérica pocos meses después de dejar China. A pesar de que Car2Go es sin duda el líder mundial en carsharing y de que parece que es un negocio rentable, se ve que BMW y Damlier (sus dueñas) no parece que vean un potencial negocio importante en el carsharing antes de la llegada de los vehículos autónomos.

Las motos compartidas tampoco parece que vayan muy bien. Coup, una startup alemana propiedad de Bosch, que operaba más de 1300 scooters en Madrid cerró de un día para otro dejando muchas de esas motos tiradas en la calle.

Y tampoco los patines van mucho mejor. Después del patinegedón que se fue tan rápido cómo llegó, han ido sorteando cómo han podido las nuevas normativas que han ido surgiendo en cada una de las grandes ciudades del mundo. Pero tantos problemas han tenido sus víctimas. La última, el mayor unicornio del sector, Lime abandona latinoamérica y algunas otras ciudades en EEUU, en total, 12 ciudades.

Cómo decía antes, creo que nadie duda que estas soluciones de micromovilidad están aquí para quedarse. Sin embargo, no está muy claro cuál es el modelo de negocio viable, o peor, si esto es negocio.

Y es que a pesar de los miles de millones que han levantado estas empresas, y los millones de usuarios que han conseguido en todo el mundo, creo que estas startups no fueron capaces de prever tres cosas:

  • La altísima tasa de vandalismo. Desde hackeos, hasta robos para venderlos en países del tercer mundo, pasando simplemente por el maltrato. Los gastos de mantenimiento, que ya de por sí eran muy altos, se han disparado.
  • Las restrictivas normativas que han emergido en las grandes ciudades. Con una dificultad añadida, cada ciudad está tomando decisiones diferentes y ni siquiera en un mismo país hay una normativa homogénea.
  • El coste de adquisición que no baja. En general, las startups apuestan a que sus costes de adquisición de nuevos usuarios irá bajando gracias a economías de escala y de red, además de generación de eficiencias. Esto es por lo que apuestan los inversores con su dinero. Sin embargo, entre la enorme competencia entre empresas y diferentes tipos de micromovilidad, y que el número de usuarios nuevos no crece de forma rápida, estos costes están lejos de disminuir.

Creo que vamos a ver una especie de «invierno de la micromovilidad» hasta que no empiecen a aparecer vehículos autónomos que no sólo mejorarán la experiencia de usuarios, sino que abaratarán su mantenimiento al ser capaces de ir solos a los centros de mantenimiento o carga.

Mientras tanto, no les va a quedar otro remedio a los ayuntamientos que quieran tener una buena oferta de servicios de micromovilidad que explorar el incorporar algunos de estos servicios a sus empresas públicas de transporte.

Es debatible si esto debe o no ser un servicio público, pero la realidad es que los únicos servicios de verdadero éxito en diferentes partes del mundo son los servicios de bicicletas compartidas cómo en Londres, Nueva York o Madrid que con diferentes grados de gestión publico-privada han conseguido sobreponerse a los grandes retos de estos servicios.

@resbla