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Los localizadores, herramienta perfecta para acosadores

Es probable que en muchas cartas a los Reyes Magos de este año esté algún tipo de localizador o dispositivo de seguimiento. Son dispositivos muy útiles para mantener localizados a los niños pequeños, mascotas, o asegurarnos de que no se pierde algún objeto valioso.

Sin embargo, cada vez hay más ejemplos de cómo estos dispositivos se utilizan para cosas muy oscuras, si no directamente ilegales.

De todo esto hablamos en este  technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2021/12/dispositivos-de-seguimiento.mp3?_=1

 

Con los procesadores y radios cada vez más pequeños y eficientes, se han abierto muchas oportunidades en cuanto a dispositivos de seguimiento cada vez más pequeños, con una duración de batería más larga y (mucho) más baratos.

Hay dispositivos con localización GPS y conexión a la red telefónica que tienen capacidad para aguantar alrededor de una semana con una carga, pero dispositivos como el AirTag de Apple, prometen hasta un año de autonomía con una pila de botón utilizando redes inalámbricas de bajo consumo.

Si hasta hace poco tiempo, uno sólo se podía plantear utilizar uno de estos dispositivos para algo muy valioso, sus precios cada vez más reducidos los están poniendo al alcance de casi cualquier cosa.

Hace pocas semanas, y gracias a uno de estos dispositivos, un motero descubrió que cuando dejó la moto en el taller, se dieron más que una vuelta para probar que todo estaba arreglado, no sólo por la distancia, sino también porque lo habían hecho a unas velocidades más propias de un circuito.

También desde hace tiempo se venden dispositivos relativamente caros para localizar niños pequeños, muchas veces en forma de reloj. Pero los precios han bajado tanto, que empiezan a ser asequibles para localizar cosas no excesivamente valiosas.

De hecho, Apple posiciona los AirTags cómo «localizador de llaves», algo con lo que encontrar tu llavero o cartera. Apple se centró en diseñar un dispositivo pequeño, barato y que pudiera apalancarse en la enorme cantidad de dispositivos Apple que hay, ya que para mejorar la localización y disminuir el consumo, se conecta de forma anónima a los dispositivos Apple en su cercanía y estos diseminan la información por una red generada por esos dispositivos para que la información termine llegando a su propietario.

Con este foco en la anonimato según la entiende Apple, es bastante complicado saber quién es el propietario de un AirTag. A diferencia de los dispositivos que se conectan a la red telefónica y que por lo tanto, tienen un contrato que identifica claramente a su propietario, cada AirTag tiene un código único, pero que sólo se podría conseguir a través de un juez, y viendo el historial de Apple en casos parecidos, es probable que fuera bastante complicado.

Así que todo esto, dispositivo barato, pequeño, difícil de detectar y de muy larga duración de batería es también perfecto para personas con pocos escrúpulos con ganas de hacer cosas ilegales.

En EEUU están saliendo a la luz muchos casos de robos de coches en los que se utilizan los AirTag. El ladrón lo deja en algún lugar del coche, y monitoriza su localización hasta que esté en un lugar en el que sea más fácil robarlo.

Pero también se están viendo casos de delincuentes que lo utilizan para acosar a sus víctimas (en la mayoría de los casos mujeres), e incluso para hacerles seguimiento para encontrar el momento propicio para asaltarlas sexualmente. También maltratadores están encontrando en estos dispositivos una herramienta perfecta.

En el caso de los AirTags, Apple ha incorporado algunas medidas de seguridad que se supone que evitan esto. Por ejemplo, si un iPhone detecta un AirTag extraño en las cercanías durante mucho tiempo, saltará un aviso. Sin embargo, ya no es sólo el problema de que si utilizas un Android esto no vale para nada, sino que además el sistema tiene bastantes fallos. Por no hablar del uso que se puede hacer con estos dispositivos contra personas con pocos conocimientos tecnológicos.

Todos estos dispositivos de localización tienen un montón de usos muy útiles que nos hacen la vida más fácil, pero tienen también unos potenciales usos muy peligrosos. Es necesario que la industria fije estándares para que todos estos dispositivos estén diseñados de tal forma que sea complicado utilizarlos para actividades ilegales, pero también que se limite el anonimato en estos dispositivos.

@resbla

PD: Por cierto, la semana pasada también hubo technobits aunque no hubo entrada en el blog. Hablamos de cómo el software que se supone que tiene que dar seguridad a algunos procesos, se termina convirtiendo en el problema

https://resbla.com/wp-content/uploads/2021/12/transformacion-digital-loterias.mp3?_=2
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Nunca nos arrepentiremos lo suficiente por normalizar las videoconferencias

Llevo todas estas semanas de encierro por el coronavirus haciendo alguna pequeña broma sobre el teletrabajo y las videoconferencias en twitter, no soy muy gracioso la verdad, pero además es que había algo de «medio en broma y medio en serio» en todas ellas.

Hoy voy a centrarme un poco en la parte seria, y aunque sé que tengo la batalla perdida, creo que nunca nos arrepentiremos lo suficiente por haber normalizado las videoconferencias durante esta crisis.

De esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2020/03/nunca-nos-arrepentiremos-lo-suficiente.mp3?_=3

Empiezo reconociendo que no soy muy amigo de las videoconferencias. En realidad, hasta ahora, casi nadie lo era, de hecho era bastante generacional y sólo los millennials eran usuarios habituales de servicios de videoconferencia.

Sin embargo, la crisis del coronavirus va a cambiar muchas cosas, y esto también. Será el cisne negro que normalizó para siempre las videoconferencias. Aunque no puedo resistirme a hacer una última intentona para que no sea así.

Creo que os será difícil encontrar a alguien que lleve cerca de 20 años teletrabajando, la gran mayoría de ellos en grandes empresas. Durante todo ese tiempo, siempre estuvo disponible la tecnología para hacer videoconferencias, pero había siempre un acuerdo tácito de no hacerlas. Nadie las esperaba, y nadie las hacía. De hecho, durante un cierto tiempo era cool poner una pegatina en la cámara del portátil. Yo opté por deshabilitarla directamente quitando los drivers de todos mis ordenadores.

Sólo en mis incursiones en el mundo startupero la expectativa fue que las conferencias también tengan vídeo. Sin embargo, el no tener la cámara habilitada siempre me sirvió de excusa.

La cosa está cambiando, y de forma radical. Al principio de la crisis, no se notó un gran cambio. Pero de un par de semanas para acá, y sobre todo coincidiendo con el encierro, de repente todo el mundo quiere hacer videoconferencias. Incluso los que nunca quisieron antes.

Me he encontrado en la situación un poco kafkiana en la que gente con igual o más experiencia que yo en trabajo remoto ha pasado los cinco minutos habituales de conversación trivial al inicio de cualquier reunión hablando de lo alucinante que eran las soluciones actuales de videoconferencia con todas las caras de los participantes en un mosaico delante de ti. Hemos sustituido el tiempo por las videoconferencias como protagonista de la charleta de calentamiento en cualquier conferencia.

He de decir que ya he empezado también a ver cierto desgaste en algunas personas que habían (re)tomado las videoconferencias con pasión. Y quizá, alguna semana más de encierro pueda hacer mella incluso en los más convencidos. Sin embargo, y espero equivocarme, creo que no hay vuelta atrás.

En todo caso, más allá de apelar a mi fobia por la videoconferencia, voy a intentar daros cuatro razones por las que debemos parar esto antes de que sea demasiado tarde y los videoconferenfóbicos seamos la minoría.

La primera, las buenas videconferencias, con buena calidad, necesitan de una buena conexión a internet. Y si no las vas a hacer con buena calidad, ¿para qué hacerlas?

Y no sólo eso, la latencia es casi más importante para que la conversación sea fluida. Más de 150 milisegundos y se hace muy pesada y el vídeo añade mucha latencia a cualquier conferencia. Alguno puede pensar que esto es moco de pavo para las conexiones que tenemos en casa, y es cierto en condiciones normales, sin embargo, ahora mismo que hasta la Unión Europea ha pedido a Netflix que baje la calidad de sus vídeos, la cosa se complica.

Segundo, privacidad. Más allá de lo gracioso que pueda ser (la primera vez) que tus hijos o tu perro se meten en tu videoconferencia, estás mostrando una habitación de tu casa. En esa habitación, a pesar de que casi todo el mundo prepara a conciencia lo que se ve en el encuadre (esta podría ser otra razón para no hacerlas, el estrés que provocan), es inevitable que se cuelen cosas que dicen mucho de nosotros.

¿No os habéis encontrado cotilleando lo que se ve de la casa de vuestro interlocutor? En un momento en el que parece que por fin nos empieza a preocupar la privacidad digital, no parece que abrir ventanas de vídeo directamente a nuestras casas sea una buena noticia. De hecho, la semana pasada nos enteramos que zoom manda información a facebook seas usuario o no.

Para solucionar estos problemas, los fabricantes de soluciones de videoconferencia están trabajando en filtros y demás herramientas que hasta permitan personalizar el fondo sobre el que apareces en la videoconferencia. El otro día tuve mi primera videoconferencia en la que mi interlocutor utilizaba una solución para difuminar el fondo… Mi recomendación, no la utilicéis, es un desastre.

Otra opción es irse al nivel profesional y comprase este panel verde portátil para poder personalizar el fondo de nuestras videoconferencias. No sé qué deciros la verdad…

La tercera, todos sabemos lo importantísimo que es el contacto visual en una conversación. Y una verdad incómoda de las videoconferencias es que hasta que no pongan las cámaras detrás de las pantallas, y eso es difícil por razones obvias, es imposible hacer contacto visual en una videoconferencia. O miras a la pantalla y por lo tanto a tu interlocutor, o miras a la cámara con el vano intento de hacer contacto visual pero dejando de ver a la otra persona.

Un ejemplo:

Y la última, la que si no os he convencido aún será la definitiva. Para las videoconferencias es obligatorio sentarse y con horas y horas de reuniones virtuales, esto es muy malo para la salud. En un mundo precrisis en el que las reuniones andando (walking meetings) se estaban poniendo de moda, no parece sensato pasar a estar sentados videoconferencia tras videoconferencia.

Las conferencias sin vídeo ganan por goleada. Te pones los cascos, te levantas, e incluso puedes andar. Todas las plataformas de conferencias tienen ya una app en el móvil. No hace falta utilizar el ordenador. Así que, conéctate con el móvil, ponte los cascos y anda un poco aunque sólo sea arriba y abajo del pasillo. Además de mejorar su salud, tus conferencias serán más llevaderas y más productivas.

@resbla

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Agencia Internacional de la Inteligencia Artificial

Tengo la sensación de que el último Foro de Davos ha estado más lleno de lo habitual de lugares comunes y palabras huecas. A pesar de los grandísimos temas a los que se enfrentan las economías mundiales, parece que nadie ha querido salirse del guión.

Sin embargo, creo que sí que ha habido un tema sobre el que ha habido conversaciones de calado, la Inteligencia Artificial.

De esto hablamos en este #technobits de Capital Radio con Luis Vicente Muñoz:

https://resbla.com/wp-content/uploads/2020/01/davos-IA.mp3?_=4

 

Para empezar, el propio WEF publicó un informe sobre la aplicación de la IA en el mundo de la empresa, en el que por cierto colabora BBVA. Aún no he podido leerlo en detalle, pero parece un buen resumen de alto nivel del estado del arte de la Inteligencia Artificial desde un punto de vista de los negocios.

Llama la atención de forma positiva que el informe incluya módulos específicos en los que se habla de ética, cultura y personas, y governanza, además de las cosas que todos esperamos cuando se habla de Inteligencia Artificial.

Creo que empieza a ver un consenso universal sobre la necesidad de reflexionar y llegar a acuerdos sobre qué es aceptable y qué no en lo relativo a la Inteligencia Artificial. De hecho, esto es justo en lo que siguieron abundando Nadella (Microsoft) y Pichai (Google).

Creo que Pichai define muy bien el reto cuando dice que la IA tendrá un impacto más grande en la humanidad que el fuego o la electricidad. Pero de la misma manera que la oportunidad es enorme, los retos también lo son.

Por eso, aunque pueda sorprender a priori que los CEOs de dos de las empresas que más se pueden beneficiar de esta Cuarta Revolución Industrial (que será la de la Inteligencia Artificial) pidan una normativa que limite la aplicación y la investigación en este campo, creo que en realidad están cumpliendo con su obligación.

Ambos hicieron un alegato claro a favor de una regulación global sobre la Inteligencia Artificial, y muy especialmente y a corto plazo, sobre el reconocimiento facial. Hicieron un especial énfasis en la necesidad de que fuera realmente global y que no funcionaría si China no participaba del ejercicio.

Nadella llegó a decir que la privacidad (digital) debería incorporarse a los Derechos Humanos, y puso cómo ejemplo la regulación europea al respecto, concretamente la GDPR.

Esto ocurría justo pocos días después de que se supiera que la Unión Europea está estudiando prohibir de forma temporal el uso de tecnologías de reconocimiento facial en espacios públicos para darse tiempo a entender mejor las implicaciones de la tecnología.

Es difícil, y más teniendo en cuenta la situación entre China y EEUU, pensar que China podría entrar en una negociación global para la regulación de la Inteligencia Artificial. No sólo por su visión particular de los derechos humanos, sino también porque es una de las tecnologías elegidas por el gobierno para convertirse en líderes mundiales dentro de su plan Made in China 2025.

Sin embargo, hay motivos para la esperanza. Para empezar, hace pocos meses China publicó los Principios de la Inteligencia Artificial de Beijing (Beijing AI Principles). Es cierto que leyéndolos es difícil encajar la realidad actual de China en ellos, pero parece la prueba de que en China también se está generando una corriente de opinión importante en cuanto a la regulación de la IA.

Otro motivo de esperanza es que la Humanidad ya se enfrentó a situaciones parecidas en el pasado, y en general, salimos airosos y lo hicimos a través de la colaboración internacional. A bote pronto, se me ocurre cómo se atajó el agujero de la capa de ozono, pero seguramente el mejor ejemplo es cómo se lidió con la energía nuclear.

Durante los años siguientes al final de la Segunda Guerra Mundial la energía atómica se convirtió en parte fundamental de la cultura popular. Las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, lejos del horror que causaron, inspiraron la imaginación de la gente para creer que venía una nueva era «atómica» de energía barata sin límites y de mejoras rapidísimas en la salud.

Se pensaba que el «poder del átomo» transformaría el mundo para bien. La palabra atómico se convirtió en sinónimo de moderno y molón, y durante los años 50 se imaginaron todo tipo de dispositivos basados en energía nuclear, por ejemplo, coches.

En paralelo a este hype por la energía nuclear, y de espaldas al público, se estaban poniendo las bases de lo que luego fue la Guerra Fría, que ahora sabemos tuvo a todo el mundo en el filo de una devastadora guerra nuclear que habría acabado con la vida tal y cómo la conocemos.

Esa Guerra Fría se libró bajo el principio de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD), pero también a través de acuerdos internacionales alrededor de la energía atómica. Acuerdos que limitaron los campos de investigación y aplicación de la tecnología.

Uno de los hitos más importantes fue el discurso que se conoció como Atoms for Peace en el que Eisenhower pusó las bases ante las Naciones Unidas de lo que luego sería la Agencia Internacional de la Energía Atómica y el Tratado Internacional de No Proliferación de Armas Atómicas.

Quizá alguien piense que las armas atómicas son claramente más peligrosas que la Inteligencia Artificial. Sin embargo, hay gente muy inteligente que piensa que la IA es el peligro más importante al que se ha enfrentado la humanidad. Algunos de los gurús más importantes de la tecnología están detrás de OpenAI, una fundación cuyo objetivo es desarrollar una IA segura para la humanidad.

De hecho algunos de sus fundadores firmaron una carta junto a Stephen Hawkins en la que avisaban de la necesidad de poner límites a la Inteligencia Artificial.

No es momento de ponerse distópico, de hecho, tenemos problemas más acuciantes en el corto plazo, pero parece que el nivel de concienciación y acuerdo al respecto es muy alto. No deberíamos dejar pasar la oportunidad.

¿Es el momento de una Agencia Internacional de la Inteligencia Artificial?

@resbla

 

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